sábado, 18 de agosto de 2012

Mateo 19,13-15.


Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, 
pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.



Otra vez los niños en escena.  Si no nos hacemos como niños, será difícil conocer, amar y sentir a Dios desde el corazón.
 Muchos de nosotros hemos aprendido a hablar de Dios y a Dios, cuando éramos niños.
En algunos casos, amando y siendo feliz con Dios bueno, Papito del cielo… en otras veces a tenerle miedo pensando que es un guardián que nos castigará cuando peleamos con nuestros hermanos, o cruzamos la calle sin permiso, o hacemos cosas de “niños” en el mundo adulto, en el Banco, en la Oficina…

Capaz que algunos de nosotros nos acordamos de nuestra época infantil. Capaz que otros no tanto. Casi siempre decimos lo mismo: antes era otra cosa, porque yo cuando era chico…y sigue un conjunto de actividades, ordenes, valores que había antes y que hoy se fueron de nuestros niños y de la sociedad.

  • Un informe nos dice que el espíritu infantil que antes se quedaba hasta los 13 años, hoy desaparece entre los ocho y nueve años. Ese  espíritu de la niñez caracterizado por el pensamiento mágico, lo lúdico y la inocencia es una etapa del desarrollo que se está acortando. Comienzan a mirar con ansiedad el mundo adolescente  sin esperar que llegue la edad que corresponde  (informe global sobre el espíritu de la Niñez, consultaron a siete mil padres de veinte países… gracias Cristo Hoy). Esto, que es estadístico, tantos dolores de cabeza da a padres, educadores, guías que no saben que hacer, que camino seguir, en la educación de los niños-adolescentes...


O sea cada vez debemos ir más abajo en la edad para recordar como éramos cuando niños, cuando no había intereses mezquinos, no teníamos prejuicios, la soberbia no cerraba nuestros ojos, el egoísmo era el normal por sentirnos amados y queridos, donde nos aferrábamos a las manos de papá o mamá cuando teníamos miedo, cuando jugábamos sin tiempo, cuando no estábamos sujetos a moldes  estereotipados , cuando éramos libres de verdad, de conciencia de alma y de cuerpo, cuando no había nada que condicionara nuestra libertad.

 Hace más de treinta años resuena esta canción de Roque Narvaja:

Era la primavera del verso pálido 
De mis años de promesas y desengaño
 
Cuando comprendí que había llegado
 
El momento de alejarme de mi pasado
 
Un domingo de abril tome coraje
 
Y me marche dejando mi mejor traje
 
A verme con la vida cara a cara
 
A conocer el mundo de madrugada
 

Yo quería ser mayor
 
Quería ser mayor
 
Quería ser un hombre habilitado
 
Yo quería ser mayor
 
Quería ser mayor
 
Y ya no ser un niño mal humorado
 

La gente me ha enseñado a ser discreto
 
Sereno, complaciente, equilibrado
 
A cambio de mis sueños me han dejado
 
Un sitio para el vicio y el pecado
 

Yo quería ser mayor
 
Quería ser mayor
 
Quería ser un hombre habilitado
 
Yo quería ser mayor
 
Quería ser mayor
 
Y ya no ser un niño mal humorado
 

Ya no quiero ser mayor
 
No quiero ser mayor
 
No quiero ser un hombre domesticado
 
Yo no quiero ser mayor
 
No quiero ser mayor
 
Prefiero ser un niño enamorado
 

ojalá que , recordando nuestros momentos de niñez, nos decidamos a volver a ese estado de pureza , sencillez , ternura, simpatía que nos caracterizaba. Ojalá que a ese niño interior que llevamos dentro, lo dejemos vivir por siempre.
Y ojalá que, como nos dice el Evangelio hoy, Jesús bendiga nuestra niñez y nuestros niños, que sean felices, que tengan papá y mamá, y que estos le hagan saber muchas veces cuanto los aman. Que nosotros, podamos también bendecir nuestros niños, deseándoles un futuro de paz, y trabajando por un mundo menos contaminado.
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