viernes, 5 de octubre de 2012

Lucas 10,13-16.


¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. 
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió".


Ay de ti, ¿nos dirá también a nosotros?...
¿Cuántos milagros ocurren todos los días de nuestra vida y estamos ciegos?. Quizás, no esos milagros extraordinarios donde se producen hechos sobrenaturales que escapan a nuestra limitación humana. Quizás si, en la cura de alguien cercano, que puede dar fe de la grandeza de Dios.

Pero esos milagros pequeños y sencillos que conviven diariamente con nosotros, de esos tenemos a millones y muchas veces estamos cegados por las preocupaciones, con las ocupaciones, con  ambiciones, o  mirando para abajo, por esas circunstancias difíciles que a veces nos toca vivir. Quizás estamos ciegos porque alejamos a Dios de nuestras vidas y creemos que todo lo que nos pasa o pasa, es obra de la naturaleza, que cumple fielmente cada ciclo de vida, pero y a la naturaleza ¿Quién la rige, quien la cuida, quien la sostiene?

Milagros cotidianos, regalos de Dios: la vida, el despertar, la comida de cada día, el beso de mamá, el cariño de papá, la ternura de los hijos, un niño que nace, que abre sus ojos, que mira tratando de reconocer a la que lo cobijó nueve meses, el niñito de jardín de infante que camina de la mano de sus papás. El/la joven que deja sus juegos, sus ocupaciones para dar tiempo precioso para los demás, el/la  joven que sublima su vida , que la honra, el/la joven que reconoce el camino equivocado y vuelve a la mirada de Jesús, el cielo celeste y diáfano que energiza nuestra vida, el cerro verde y florido que anuncia la primavera y el verano, la flor que nace y entibia nuestra alma, el “te quiero” de todos los días.



El milagro precioso de la Eucaristía, Dios mismo hecho un pedazo de pan de no más de tres centímetros de diámetro, por un milímetro de espesor, que viene a alimentar mi vida, a hacerse yo mismo, a habitar mi casa, mi cuerpo. Milagro de Amor, muchas veces despreciado, olvidado. Ahí está el cuerpo y alma de nuestro Amigo, ¿Cuánto hace que no lo visitamos?.





Milagros, milagros y más milagros. Milagros para vos y para mí. Escuchemos, miremos, con más atención. Dios se manifiesta de miles de manera todos los días. Después de esto solo bastará caer rendidos al amor que nos da, y aprenderemos a decir simple y solamente GRACIAS.

Le cantemos a Jesús:

Querrán prohibirme que yo crea
en el milagro de tu amor
podrán callar mi voz con guerras
pero jamás mi corazón.

Podrán cerrarme tantas puertas
quitarme la respiración
pondrán en mi camino piedras
pero me salvará tu amor.

Y será tu amor el puerto mas seguro
donde quiero anclar mi corazón
no me vencerán los vientos porque sé
que lo que salvará mi corazón
será tu amor.

Querrán dejarme sin certezas
poniendo en duda lo que soy
pero no habrá jamás quien pueda
hacer que dude de este amor.

Podrán cambiarme las quimeras
por realidades sin color
más no podrán borrar la huella
que fue dejando en mi tu amor.

Y será tu amor el puerto mas seguro
donde quiero anclar mi corazón
no me vencerán los vientos porque sé
que lo que salvará mi corazón
será tu amor.


                                                            ¡Gracias Jorge Rojas!

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