martes, 23 de octubre de 2012

Lucas 12,35-38.


Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. 
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!


La muerte, indefectiblemente nos llegará a todos. No hay forma de esquivarla, no hay elixir mágico  que nos permita vivir eternamente en esta tierra. Todos más tarde o temprano, cruzaremos el puente para llegar a la otra orilla.

Ayer escuchaba a un súper campeón , exhortar a quienes los escuchaban a vivir felices e intensamente, porque no sabemos si hay otra vida después de esta… estaba diciendo algo desde el corazón: seguramente lo vive así, y con honradez, expresaba lo que sentía.

Nosotros, estamos convencidos de que después viene lo mejor , lo eterno, lo infinito, y que todo lo que hagamos en estos treinta, cuarenta, cincuenta, setenta, noventa o cien años, será  construir ese futuro al lado eternamente de Dios. Estamos construyendo el puente para pasar sin dejar de pensar que primero debemos hacer el camino para llegar hasta ese puente, pues podemos pasarnos la vida construyendo el paso de la vida a la muerte y no gozar de la vida hermosa que nos regala Dios todos los días. También otro error será pasar los días construyendo el camino, hermoso, florido, lleno de paradas, de sombras, de lugares de esparcimiento, y olvidarnos de construir el puente que nos llevará al otro lado: el final del camino, será el final de todo…

Jesús hoy nos da la primera parte de la receta para hacer una cosa sin descuidar la otra: vivir trabajando, esperar activamente, encender todos los días la lámpara, poniéndole aceite espiritual ( la noche llega todos los días, por eso hay que alimentar la lámpara todos los días), es decir, rezando, creciendo en la vida de fe, sirviendo a cada paso que doy, o sea que mi vida tenga actitud de servicio, haciendo todos los días algo nuevo, lejos de la rutina que se apodera incluso de los cristianos y que muchas veces se contentan con repetir y repetir fórmulas y oraciones impresas que llenan el aire de sonido pero que a veces no salen del corazón.

Esperar activamente, trabajando, que nuestras manos al final , se muestren encallecidas por tanto trabajo realizado, que nuestra camiseta sea entregada llena de sudor por haber transpirado en la lucha diaria por ser mejores. El final, llegará, seguro que llegará. Ojalá que nos encuentre trabajando, sirviendo, dando, construyendo la felicidad propia y de los que nos rodean, haciendo caminos que otros puedan transitar, construyendo puentes que otros también puedan cruzar, aunque sea, abriendo sendas para que otros puedan continuar en caminos, pero haciendo algo positivo.

 Distinto será quedarnos de brazos cruzados, sin esperanza, sin lucha, sin fe.
Ese futuro está hoy en nuestras manos y en nuestra decisión. (SEVS)
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