viernes, 26 de octubre de 2012

Lucas 12,54-59.


Dijo también a la multitud: "Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. 
Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?
¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo".

A veces, ni podemos distinguir cuando llega la lluvia. Nos hemos metido demasiado en un mundo donde nos programa todo desde la mañana a la noche. Hasta el estudio de la meteorología nos ayuda a saber por tres días anticipado, cuales serán las condiciones del tiempo, si lloverá, si estará nublado, si hará calor, si hay una masa de aire fría o caliente que se desplaza de tal o cual lugar. Los nuevos celulares nos muestran con eficacia el estado actual y futuro del tiempo.

Algunos hasta se aferran al horóscopo, para saber si hoy, o esta semana será un buen día o una buena semana, y casi se convierte en palabra santa.

Perdimos mucha capacidad de observación, más aún cuando andamos todo el día mirando hacia el piso sin levantar la vista, por múltiples factores llamados preocupaciones, tristezas, stress, depresión… a veces nos cuesta mirar la magia del color del cielo, sentir el aire diáfano y puro que penetra en nuestros pulmones, el verde de la naturaleza, o sentir el canto de los pájaros, que incluso, hasta nos anuncian algunos cambios o fenómenos naturales que nosotros no percibimos.

Cuánto más nos metemos en esta vida de ciudad, menos perceptivos nos volvemos, menos miramos al cielo, menos intuición tenemos…

Y lo mismo nos pasa con la oración: cada vez tenemos o nos damos menos tiempo para orar, para encontrarnos con Jesús en un tu a tu, donde no haya nadie más, donde podamos encontrarnos con su mirada, donde podamos renovarnos en su amor. Nos olvidamos de la Palabra de Dios, entonces miramos todo con nuestros ojos humanos, entonces nos volvemos más escépticos, nos volvemos agnósticos, que solo creemos en lo que vemos o podemos palpar o sentir.

O sea, si hoy Jesús tendría que referirnos esta comparación, antes debería decirnos: estén más atentos a lo que les rodea, para poder apreciar en algún momento el amor que les tengo. Para darnos cuenta que hoy es el momento, que no debemos dejar pasar ni un minuto más para volver a su amor, que todo lo que Él hizo, y sigue haciendo son caramelitos, son pequeños presentes, son regalitos que nos hace para que con nuestra mente humana podamos entender el amor que nos tiene, que esos regalos son como la punta de un iceberg pero que lo más grande es lo que no se ve , o no podemos entender o ponerle nombre, que no tengamos miedo de acercarnos a Él, que no temamos abrirle las puertas de par en par de nuestro corazón.

¡Si nos diéramos un tiempito diario para poder saborear más su amor, para poder encontrarnos solos con Él, para poder escuchar su voz que sonriendo dice el nombre o el apodo de cada uno, que quiere mostrarnos un camino, que quiere ayudarnos a solucionar nuestros problemas, que quiere sanar nuestras heridas, limpiar nuestro pasado, que quiere liberar nuestras esclavitudes, que nos quiere dar paz!.

Ojalá que no seamos ni sordos, ni ciegos, ni mudos. Que sepamos interpretar los signos de los tiempos, que podamos escuchar de su misma voz, su plan bendito, que sepamos que el hoy es el tiempo, que a cada momento de la historia actúa el Amor, que debemos reconocerlo, así como la flor de loto en medio del pantano, así al amor de Dios actuando en la humanidad dolorida y golpeada por la humanidad  misma. Que podamos reconocerlo en la sencillez de una flor que nace, como en la Eucaristía que alimenta nuestra espiritualidad.
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