sábado, 20 de octubre de 2012

Lucas 12,8-12.


Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. 
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir".



San esteban fue aquel primer mártir de la era cristiana, al que apedrearon hasta matar. Allí, cuidando la ropa de los torturadores, estaba Saulo. El testimonio de fortaleza y fidelidad de aquel muchacho, fue el primer paso en la conversión de quien sería luego nuestro gran San Pablo.  Fortaleza para soportar cada golpe sin quejarse, fidelidad, porque ni aún en el momento más difícil, renegó de su amor a Jesús.

Desde ahí, el mundo cristiano ha sufrido persecuciones, muertes horribles, asesinatos, por proclamar el evangelio, o por ponerse del lado de los más vulnerables de nuestra sociedad, en cuyo rostro se transfiguraba el rostro de Jesús.

En el hoy, en algunos lugares del mundo, sigue habiendo persecuciones a cristianos en masa, muertes, martirios por llamarse cristianos.
Y está la realidad de cada lugar donde uno vive, sociedades, familias, grupos, ciudades, naciones, donde se persigue a los cristianos pero de manera más sutil, con persecuciones psicológicas, con denigraciones, con burlas, tratándolos como ciudadanos retrógrados o conservadores, recurriendo a la difamación o la mentira, por llevar el nombre del evangelio o defender aquello que Jesús nos pide: no al aborto, proteger la familia, no incentivar al divorcio ni a la infidelidad, no a la eutanasia etc etc.

¿Fuimos fieles? ¿Somos fieles? ¿Proclamamos a Jesús con nuestras palabras y acciones? ¿Los demás saben que somos cristianos o escondemos nuestra identidad por temor o vergüenza? A veces hasta llevar una cruz en el pecho , produce rechazo.

Jesús hoy nos dice: no teman reconocerme delante de los hombres, el Espíritu Santo ( y donde está el Espíritu Santo, se cuela  mamá María)  estará con cada uno para poner en sus labios las palabras adecuadas y justas, pero no tengan miedo: YO ESTOY CON USTEDES HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS.(SEVS)
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