miércoles, 28 de noviembre de 2012

Lucas 21,12-19


Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, 
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.

Constancia, perseverancia, ¡cuánto nos cuesta!. Sin embargo, hoy tenemos una máxima fundamental para nuestra vida: por la constancia y con la constancia, salvaremos nuestras vidas.

Estamos acostumbrados a flashes que nos encandilan un rato, luces de moda que de aquí a unos meses ya no estarán , fuegos artificiales que emocionan, pero que al segundo son un recuerdo, un lindo recuerdo, pero ya está , ya pasó…
Y nuestra vida espiritual a veces es igual: nos entusiasmamos un rato, vivimos abrazados a Jesús un tiempo, estamos en armonía y en paz, y nos quedamos ahí, no profundizamos el mensaje, no sedimentamos las enseñanzas, entonces Cristo pasa a ser un lindo recuerdo ( o no), de algo vivido en la juventud o en algún momento de la vida.


Por algo, todos los que trabajamos en Movimientos apostólicos vemos jóvenes, adultos, decir Si señor yo te sigo, y al poquito tiempo verlos seguir al mismo dios que los sumergió en el abismo, quizás por falta de acompañamiento, quizás porque la tierra no estaba fértil, porque había muchas espinas  que ahogaron la decisión, porque cuesta el compromiso, o simplemente por esto que dice el evangelio pero al revés: la inconstancia no es buena para salvar la vida.

Si lo vemos en las cosas ordinarias de nuestros proyectos de vida: sin constancia no podemos estudiar ninguna carrera, sobre todo cuando hay  aplazos que duelen, situaciones económicas que no son las mejores… nuestros proyectos en general sufren por nuestra falta de constancia, constancia que si tuvieron tantos genios de la historia que nos legaron un mundo mejor a pesar de sus fracasos probando lo que querían inventar:
 “Cuando Thomas Alva Edison (1847-1931) inventó la bombilla, no le salió a la primera, sino que realizó más de mil intentos, hasta el punto de que uno de los discípulos que colaboraba con él en el taller le preguntó si no se desanimaba ante tantos fracasos. Y aquí entra la cuestión de la percepción del error, porque Edison respondió: "¿Fracasos? No sé de qué me hablas. En cada descubrimiento me enteré de un motivo por el cual una bombilla no funcionaba. Ahora ya sé mil maneras de no hacer una bombilla". ( ¡Gracias google!).

A este hombre se le atribuyen más de 1.300 patentes.

Quizás convenga pensar que Jesús siempre está con nosotros, que nos mira y acompaña, que estamos en manos de Dios y cuando eso ocurre, nada puede hacernos mal, porque en el instante más difícil, nos da elocuencia y sabiduría que no sabemos de donde salen… en realidad, si. Es el Espíritu Santo, que cuando uno quiere, cuando abre sus puertas a la vida de Gracia, actúa, y ¡de que manera!.
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