lunes, 24 de diciembre de 2012

Lucas 1, 67-79


En aquel tiempo, Zacarias, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo: "Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza.
El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón de los pecados. Y por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en las tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz

Llegó el momento. Jesús nace en una humilde cuna.
Es un niño. ¡Qué imagen de paz mayor puede haber?

Un niño recién nacido, frágil, dependiente, un niño, un bebé . Zacarías resume en palabras lo que nosotros podemos expresar esta noche bendita: porque ha visitado y redimido a su pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su santa alianza.

Nos salvaría de nuestros enemigos, el principal, el pecado, el demonio, la muerte del alma, nuestras penas y sinsabores, nuestras angustias y temores. Nuestras dudas, nuestros errores, nuestros fracasos, todo toma una nueva dimensión cuando lo vemos con los ojos de la fe, una fe que hoy se renueva porque Dios nos da muestra a cada instante de su amor, o como dice Zacarías , nos muestra su misericordia, se acuerda de su alianza, aunque a veces nosotros nos olvidemos de ella.

Esta noche es santa. Camino a vivirla, sería bueno recorrer con María aquellos últimos metros antes del parto, reconciliarnos entre nosotros, pidiendo perdón y perdonando, sonriendo confiados en la misericordia de Dios que nos ama hasta el cielo, que no nos deja solos, que nos cuida, que nos protege. Caminar soñando con un mundo mejor, el propio y el de los que nos rodean, proyectando “el día después” como lo hacía San José, y rezando y cantando , pues así el alma se renueva y revive.

¡Feliz noche buena! Que Jesús renazca en nuestros corazones, punto inicial para renacer en el corazón de la humanidad.
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