miércoles, 12 de diciembre de 2012

Lucas 1,39-48. NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE


En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".
María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,


Hoy, 12 de diciembre, en nuestras latitudes, celebramos a la Virgen de Guadalupe, Patrona de América.
Aquí, ella partió también sin demora, para visitar a su pueblo doliente y esperanzado, que lucha que sufre, que trata de encontrar su propio destino, que se encuentra a cada esquina con nuevos colonizadores que tratan de convertirla en un lugar solo de consumo, de explotación, de extorsión.

En ella esta el corazón de cada americano que día a día, se levanta y trabaja por un mundo mejor. Nosotros no somos el “primer mundo”, no tenemos la historia de otros pueblos, no tenemos los medios que tienen  otras latitudes, pero tenemos un corazón enorme bendecido por Mamá María que , aunque todo “lo ate con alambre”, es solidario, generoso, esperanzado.

Somos de aquí, esta es nuestra tierra, esta es la materia prima que Dios usó para modelarnos y luego soplar su espíritu, este es nuestro color de piel, esta es nuestra Madre Morena y sencilla que se hace uno con nosotros desde hace tanto tiempo hablando con aquel indiecito Juan Diego, decidida a quedarse aquí para labrar nuestra tierra, para construir nuestros ranchos, para hablar nuestro idioma.

En ella tenemos una mamá en el cielo, radiante y bella que extiende sus bondades hasta cada rincón de América.

Será un buen día para cantarle las “mañanitas”, para decirle cuanto la queremos y necesitamos, para pedirle que ayude a nuestros gobernantes a encontrar el camino de la paz interior, que les ayude a encontrar la sabiduría del diálogo, que ayude a nuestro pueblo a erradicar la corrupción en todos los ámbitos, un cáncer que invade el cuerpo de nuestras realidades y nos mata de a poco. Ella que es madre de todos, nos ayude a encontrarnos como hermanos, sin distinción de nacionalidad, sin exclusión de nadie, que nos ayude a integrar la diversidad de razas que llegaron hasta estas tierras buscando un horizonte venturoso y que a veces no se integran y desprecian al hombre de estas tierras.

¡Mamá de América, te necesitamos! Dános paz, una paz que brota de un corazón sencillo, pacífico. Bendice nuestras familias, que te necesitan más que nunca, sostiene nuestros valores que son permanentemente bombardeados por otras culturas que nada tienen que ver con nuestra tierra.
 Hoy, como Isabel decimos: ¿quienes somos nosotros para que la Madre del Señor venga a visitarnos?... si , ella ha venido y se ha quedado con nosotros.

Mamá de América, te amamos…
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