martes, 11 de diciembre de 2012

Mateo 18,12-14.


¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? 
Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.
De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

Vivimos en el mundo de lo descartable. A veces es más barato comprar algo nuevo, que buscar, llevar al service, esperar, que arreglen el viejo. Que las importaciones de repuestos, que el precio de la mano de obra, que la garantía del arreglo… hasta los mismos services advierten: le conviene comprar uno nuevo…

A veces parece que perdimos el valor de lo que tenemos…  incluso ponemos en el mismo nivel, cosas que pueden estar o no, con algo tan trascendental por ejemplo  la salud, el amor de los padres, los amigos, la relación con novio/a, esposo/a, aquello que  nos damos cuenta que nos falta, cuando no lo tenemos, por vivir con el espíritu de lo descartable: ¿no me sirve?, lo cambio por otro…¿se rompió? Compro otro.
Sobre todo en nuestras relaciones de pareja, en que estamos viviendo un profundo sentido de lo descartable, sin compromiso, sin amor profundo, poniéndole fecha de vencimiento, y “cambiando” al primer problema…

Entonces la pregunta de Jesús ¿Qué les parece?... y hoy, no se. Capaz que diríamos: y bueno, tengo otras noventa y nueve, ¿para que hacerme problema por la que no está cuando tengo otras que si están? No tengo tiempo para perderlo en una sola…

¡Gracias Dios, porque no vives en la filosofía de lo descartable, porque esa oveja perdida puedo ser yo, porque sales a buscarme cuando no estoy, porque estás atento a mis problemas y preocupaciones que me alejan de ti sin darme cuenta, porque me amas, me buscas, me cercas, me traes de nuevo y no a los empujones, en tus hombros benditos para que no me pase más nada en el camino de vuelta!

Si, esa oveja perdida podemos ser cada uno de nosotros.
¡Gracias Jesús por tanta delicadeza ¡

En este camino a la Navidad, siento que me buscas insistentemente, en medio de las zarzas, donde me he metido a veces sin darme cuenta. Aquí estoy, escucho a lo lejos tu voz, quiero dejarme encontrar por tu amor.
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