sábado, 26 de enero de 2013

LOS ENVIÓ DE DOS EN DOS Lucas 10,1-9.


Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. 
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'.

Los  envió de dos en dos. Es mejor ir en equipo de a dos. Cuando uno afloja el otro sostiene, cuando uno está fuerte, fortalece al hermano. Cuando uno enferma, el otro cuida y ayuda. Cuando uno baja los brazos, el otro alienta. Para eso es importante ( y en aquella misión  lo tenían claro) saber cuál es el objetivo y hacia donde se va.

Un matrimonio que tiene el mismo objetivo: llegar hasta el final tomados de la mano. Un apostolado que sabe que el objetivo es la evangelización del lugar donde uno vaya, etc etc… si no tenemos clara la meta, entonces cuando uno afloja, el otro afloja, cuando uno pierde fuerza, el otro pierde fuerza, cuando uno baja los brazos, los dos lo bajan, cuando uno enferma el otro lo abandona…

Y aunque parezca cruel de parte de Jesús, eso de no llevar nada de provisiones, ni otro calzado, ni dinero, es una experiencia riquísima  tener que confiar plenamente en la providencia, confiar en el amor de Dios Padre que cuida, que protege…sino ¿Qué predicarán? ¿Cómo podrán decir que hay que confiar en Dios sino ellos no lo hacen? ¿Cómo hablar de un Dios amor, protector y Padre, sino se entregan totalmente a la experiencia de sentirlo así?

No se detengan a saludar a nadie en el camino, les dice. Más o menos es decirle no pierdan tiempo, si se quedan en casa de conocidos perderán de vista el objetivo, la gente querrá que se queden  y no llegarán a destino…

A nosotros también nos manda el Señor. Quiere que confiemos en la providencia divina, que le llamemos Padre, que prediquemos con nuestra vida, y nuestras palabras a un Cristo Vivo, y a un Padre Bueno, impulsados por la fuerza del espíritu que nos lleva a donde quiere y donde se necesita la luz del Señor.

Quiere que tengamos en claro el objetivo, que vayamos en lucha ligada: lucha porque hay que enfrentarse a enemigos del alma que tratan de destruir valores morales, de socavar los cimientos del Amor verdadero, enemigos que se disfrazan de “normalidad”, cuando no todo lo normal está en la línea del bien. Y es ligada, porque yendo de a dos o tres o a cuatro o en grupo, es una fuerza que se multiplica potencialmente. Una vela sumada a otra y otra y otra… dan una gran luz, cuantas más velas, más luz…
Jesús nos envía, somos parte de los setenta y dos… ¿vamos? ¡Vamos! ¿Quién otro lo hará?... lo que dejamos de hacer, nadie lo hace ni lo hará por nosotros.
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