viernes, 11 de enero de 2013

Lucas 5,12-16.


Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: "Señor, si quieres, puedes purificarme". 
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante la lepra desapareció.
El le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: "Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades.
Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

La peor enfermedad de la época, el mal personificado: la lepra. No había castigo peor (por lo menos eso creían) de Dios, que esta enfermedad. Y Jesús, no siente asco, ni miedo, ni se aleja de aquel hombre por lo que la ley le exige al enfermo…es que ante el pedido del leproso, Jesús, como siempre, se compadece.

NO HAY MAL QUE LE GANE. NADA HAY MÁS FUERTE QUE ÉL.

Nuestras lepras hoy pueden ser externas, de enfermedades dolorosas, largas, penosas…pero también y fundamentalmente, interiores.

Vivimos en sociedades enfermas, donde el gobernante es el egoísmo, amo y señor de muchas de nuestras relaciones. Egoísmo que lleva a la lucha de poder, a la lujuria, a la sobre excitación de los sentidos, a vivir solo el momento, a triunfar a costa de cualquier cosa, a vivir pensando solo en uno, olvidados de los demás… sociedades donde la violencia nos destruye, donde nos divide un partido de fútbol o un pensamiento distinto en lo social o político.
Sociedades, de las cuales somos parte, que son gobernadas por la dictadura del relativismo…aquel tango Cambalache, escrito  en 1935, parece cada vez más actual, como escrito ayer,  hoy o mañana…

Y dentro estamos nosotros, con nuestras lepras grandes o pequeñas, exteriores e interiores. Lo peor, sería no darnos cuenta de ellas, creer que es normal vivir con “lepras”, enfermedad  horrenda   , en aquel tiempo incurable, mutilante y  ciertamente vergonzosa.



 A veces nuestras enfermedades interiores , que en estado de gracia son vergonzosas, cuando estamos bajo la dictadura del relativismo, nos parecen normales, comunes a todos los mortales.

Ojalá que corramos al encuentro de Jesús a mostrar nuestras enfermedades…significa que queremos sanar…Jesús, no se hace el distraído. 
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