martes, 29 de enero de 2013

Marcos 3,31-35.


Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. 
La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera".
El les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?".
Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

¿Quiénes son los que cumplen la voluntad de Dios? O en caso ¿qué significa cumplir la voluntad de Dios?

Si nos dejamos llevar por los criterios del mundo, vivir según esa voluntad, significa alienar nuestra vida al pensamiento religioso, significa no tener vida propia, significa vivir como zombis , sin pensamiento propio, temerosos de no infligir una ley severa que castiga y oprime. Ya decía Marx en 1844: “la religión es el opio de los pueblos”, una frase que  alude -metafóricamente- a los efectos alucinógenos de la droga -opio- que coloca en un plano ficticio de la realidad a los adictos que lo consumen.

No es esa la idea de Dios, quien respeta el don más preciado que nos dio que es la libertad, para que con ella el hombre y la mujer, busquen su propio camino de felicidad.
 Pero claro, el homenaje aquí es para aquellos que cumplen esa voluntad de Dios , que sigan por el camino que nos traza para ser felices, que pongan su mirada y sus sueños en respetar la vida, en ser portadores de amor, en dejarse iluminar día a día con su Palabra.
Son los que cuando deben tomar decisiones, la “charlan” con Jesús, piden su luz, su gracia .
 Son los que se conectan con el “jefe” todos los días, para ver que “tarea” tenemos para ese día, son los que ponen en manos de Dios la jornada, para que Dios , que quiere nuestro bien, nos permita en el lugar donde estamos, vivir según sus planes, evitándonos tentaciones, alejándonos del mal.
Son los que viven la libertad de los hijos de Dios, nunca atado a los criterios del mundo de la sinrazón , de la desesperanza.
Son los que se dejan contagiar por la alegría de Dios y viven felices con lo que tienen, con lo que son.
Son los que se esfuerzan por mejorar su vida, su futuro, por engrandecer el ambiente donde están, por hacerlo más digno de un hijo o de una hija de Dios, y luchan y se esfuerzan , y son mejores profesionales y estudiantes y son los “empleados del mes”, que atienden bien y con una sonrisa..

Son los que en definitiva, haciendo esto, se parecen a la Virgen María, pues fue ella la primera feliz de entre todas las felices.


Ojalá que el “son ellos”, se convierta en un “somos nosotros” y busquemos la felicidad según su Pan Divino de Amor.
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