jueves, 14 de febrero de 2013

CARGAR LA CRUZ Lucas 9,22-25.


"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". 
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

El que quiera…el que quiera… Jesús siempre respeta nuestra libertad. El que quiera seguirle, que tome, que asuma su cruz de cada día, que no reniegue, que sepa que esa, grande o pequeña,  es la cruz, que piense que con esa carga ayuda a Cristo, se parece a Cristo en eso de portar la cruz,  y si es posible, que no haga llevar a otros esa misma cruz, y simplemente le siga. Porque si uno quiere ser santo, no es posible que todo el mundo alrededor sufra por su misticismo, dedicación o ascetismo.

La cruz es algo personal, seguro que a nuestra medida, pues no hay cruz que nos ponga Dios que no nos ayude a llevar.
 Estará en nosotros asumirla, sin refregarle en la cara a nadie que uno tiene tal o cual pesada carga para llevar. ¿De qué sirve tener la consideración de todos, la alabanza, el aplauso por lo que hacemos, si con eso perdemos el mérito de llevar lo que llevamos?.

Aquel que busca escarparle a todas las cruces, que cree que la vida pasa por deshacerse de todo lo que nos haga sufrir, de todos los compromisos que nos impliquen  sacrificio, seguro que ganará  momentáneamente , pero arruinará su vida. Es como aquel que construye su casa sobre arena: seguro que cuando llegue la tempestad, no habrá cimiento que resista  y la casa caerá. Porque son los sacrificios, son las cruces asumidas con fortaleza, las que nos hace en definitiva, mucho más fuertes, como aquel deportista que se prepara para superar obstáculos: su cuerpo se hace más fuerte, sus músculos están preparados para las adversidades. Así en el deporte como en la vida cristiana.

"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”, son palabras del Señor . Pero no nos deja solos. Él, nos ayuda a llevarla.

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