lunes, 18 de marzo de 2013

Juan 8,12-20.


Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida". 

Los fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale".
Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?". Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre".
El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.

Tinieblas en la vida del mundo, en su cultura, en su fe, en sus instituciones. Tinieblas en nuestra vida, en nuestro futuro, en nuestro presente, en nuestra fe, en nuestras familias, en nuestras relaciones personales de noviazgos, matrimonios. Se nota en las rupturas matrimoniales, o en las relaciones sin compromiso. Tinieblas en nuestro porvenir, nos asola la desesperanza, y solo queda vivir el momento como algo único. Tinieblas en nuestro corazón enceguecido por egoísmos, soberbias, orgullos, “sálvese quien pueda”.


Aparece como un rayo de luz que corta esa tiniebla, la oscuridad reinante . Como al amanecer de esos días de noche oscura, cuando el primer rayo de sol, parte en dos la oscuridad y comienza a alumbrar, y con ello, comenzamos a ver y comenzamos a vernos entre nosotros. No hacen falta las luciérnagas, pequeñas luces o flashes que iluminan como pueden la noche: está la luz.

No hay oscuridad, solo hay ausencia de luz. La oscuridad no existe, existe la luz y la oscuridad solo es ausencia de ella. Somos hechos de luz, somos luz, ese es nuestro estado natural, nuestro gen.
Jesús viene a ser la luz de nuestras vidas, de nuestros corazones de nuestras relaciones, de nuestro mundo y nos dice “El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".

Pero, a aquel que está acostumbrado a vivir en la oscuridad, le molesta la luz y trata de destruirla para que no manifieste quien o que es, como en algunos espacios públicos que se rompen las farolas porque alumbran, y muestran quien delinque… hoy tratan de destruir la luz, blasfemando,  difamando, poniendo zancadillas, ignorando, insultando, y en eso caemos, desde nuestro Papa, hasta nosotros  que vivimos el hoy y el ahora, y que muchas veces molestamos en un mundo sin luz.

Pero la consigna es seguir mostrando a todos la luz que proviene de Jesús. Si nosotros escondemos la lámpara debajo de la mesa, el mundo, nuestro mundo  será envuelto por las tinieblas, y ganarán los mensajeros de la oscuridad.



Para eso es bueno recargar nuestra batería y llenarnos de luz nuevamente. Si comparamos,  todos los días cargamos nuestro celular porque nos quedamos sin batería. ¿Cuánto cargamos nuestra alma, cuanto nos llenamos de luz, cuando recargamos nuestra “batería”? Debemos todos los días “enchufarnos” a la fuente,  luz eterna e infinita del Señor, que nos renueva, para alumbrar mejor nuestro corazón, nuestro presente, nuestro porvenir y nuestro mundo.


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