lunes, 22 de abril de 2013

Juan 10,1-10.


«En verdad les digo: el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por algún otro lado, ése es un ladrón y un salteador.
El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El cuidador le abre y las ovejas escuchan su voz; llama por su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera.
Cuando ha sacado todas sus ovejas, empieza a caminar delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz.
A otro no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús usó esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Jesús, pues, tomó de nuevo la palabra: En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas.
Todos los que han venido eran ladrones y malhechores, y las ovejas no les hicieron caso.
Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento.
El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud.


Muchas ovejas, varios pastores. Pero a uno solo escuchan y siguen :lo conocen, y él, las conoce por su nombre , no es poca cosa, no es un detalle menor.

¿Cómo hacer para no confundirnos de pastor?

Partiendo que somos de ese redil, que somos esas ovejas que , levantan la vista, ven al suyo, escuchan su voz y, a la vez,  escuchan el nombre propio, y le siguen, mientras siguen haciendo sus cosas…

El mundo está llenos de “pastores”, o de nuevos ídolos que nos llevan de aquí para allá, ídolos que a veces no son de carne y hueso, pero si nos esclavizan, “despojarnos de tantos ídolos, pequeños o grandes, que tenemos, y en los cuales nos refugiamos, en los cuales buscamos y tantas veces ponemos nuestra seguridad. Son ídolos que a menudo mantenemos bien escondidos; pueden ser la ambición, el carrerismo, el gusto del éxito, el poner en el centro a uno mismo, la tendencia a estar por encima de los otros, la pretensión de ser los únicos amos de nuestra vida, algún pecado al que estamos apegados, y muchos otros” como dice el Papa Francisco. Ídolos que se confunden como pastores o como doctrina de estos pastores, mezclados todos…la cuestión que a veces nos aturden tanto que no podemos escuchar la dulce voz de Jesús que nos llama por nuestro nombre…y así, no podremos seguirle.
Pero si hay cosas que dependen de nosotros, porque nadie puede entrar en nuestra cabecita, y dañarnos nuestra voluntad a no ser que se lo permitamos deliberadamente. Si,  escuchar depende de nosotros, porque todos los días podemos “escuchar” la voz de Jesús que nos habla por la Palabra y eso no se mancha, porque todos de una u otra manera tenemos acceso a una Biblia, grande o pequeña, muchos podemos hacerlo por Internet, y en eso no tenemos excusas.
Después de escucharle, será seguirle, como las ovejas que escuchan la voz de su pastor y le siguen.

Ayer. Día del Buen Pastor, hoy sería bueno que pensemos en nuestra actitud de ovejas: ¿le escuchamos y luego le seguimos?. De algo debemos estar seguros: nos lleva al mejor lugar de todos, elige los mejores campos para nosotros, nos cuida en una manera personal, nos llama por nuestro nombre, nos busca cuando nos alejamos y es capaz de dejar a otras para buscarme y encontrarme…¿Qué más? Estamos en las mejores manos del mejor pastor.

Escucharle y seguirle será la consigna.

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