miércoles, 24 de abril de 2013

Juan 12,44-50.


Pero Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado.
Y el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado.
Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas.
Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día.
Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir.
Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre.»




Si creemos en Él, en sus palabras, en su vida, en su doctrina de amor, entonces estamos cerca de la luz. 
Cuando estamos a oscuras y vemos por ahí una pequeña luz que nos guía,  vamos hacia ella, porque aunque pequeña, es un gran faro en medio de la nada. Tendemos a ir hacia la luz, porque hemos sido hechos seres de luz. La tiniebla no existe, existe la luz y las tinieblas son la falta de ella. Esas tinieblas son las que no nos dejan ver y al no ver, nos perdemos y ahí estará nuestro fracaso.

Y el Señor es luz para todo en nuestra vida: luz para nuestros niños y jóvenes, mostrando también a ellos el camino, luz para nuestros noviazgos, luz para nuestros matrimonios, luz para las familias, luz para nuestros oficios, empleos, profesiones, trabajos.

Luz para nuestros países, ciudades o pueblos, luz para nuestro deporte, luz para la vida , luz para los enfermos, solos abandonados, luz para los presos que necesitan hallar el camino,

Luz para nuestra cabeza y nuestro corazón, luz para nuestros sentimientos, luz para nuestros hijos, y nuestros padres, luz para la Iglesia aunque parezca que en ella reside la luz, luz para sacerdotes y laicos…

Es un buen día para pedir al Señor que nos alumbre y alumbre cada una de nuestras realidades. Nosotros, que las vivimos, sabemos muy bien a que le falta luz, a quien le falta luz comenzando por cada uno, y al repasar cada lugar donde falta, quizás hemos ido pensando en alguien a quien le haría falta un buen baño de luz, en casa, en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en el país…

No nos pueden ganar las tinieblas. Depende también de nosotros que hemos creído en la luz y que somos portadores de ella en medio del mundo que nos rodea.

Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas.

¡¡Chau tinieblas!!
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