sábado, 27 de abril de 2013

Juan 14,7-14.


Si me conocen a mí, también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto.»
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta.»
Jesús le respondió: «Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al Padre?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras.
Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanme en esto; o si no, créanlo por las obras mismas.
En verdad les digo: El que crea en mí hará las mismas obras que yo hago y, como ahora voy al Padre, las hará aún mayores.
Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo.
Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre.

Hace unos días, en mi región, cerca de las tres de la madrugada, una gran bola de fuego iluminó el cielo, produciendo en zonas, una luz similar al del mediodía de un día soleado. Algunos expertos dijeron que se trataba de una especie de restos de meteorito que no  tendría más que el tamaño de una papa o de unos 20 cm. que al entrar en la atmósfera, se desintegra, produciendo esa luz tan intensa, una luz verde que iluminó la noche estrellada.

¿ de dónde vendría?

 Quizás si se encontrara esos restos tirados en algún campo, los científicos estudiarían con el rigor del caso, y nos dirían: es un compuesto de tal y tal…etc etc… pero para la mayoría de nosotros, es algo que cayó desde el infinito universo, que nos trae algo desde otros lugares muy pero muy alejados, que ninguno de nosotros ni por asomo algún día conocerá… por una piedra que nos trae datos de otros rincones del universo, la verdad que uno se asombra y mucho…

Jesús, nos dice a través de Felipe: el que me ve a mi, ve al Padre… dichosos ellos que pudieron ver el rostro de Jesús y con ello, el rostro del Padre. Aquello era una piedra de 20 cm que nos traía datos del universo infinito…este es un rostro, una persona que nos trae datos del Papá, creador de todo, creador de los astros y del infinito universo, creador de los millones de soles que habitan con una maravillosa exactitud que mente humana pueda imaginar…

Es Jesús, si, en Él vemos al Dios eterno, nos trae datos del maravilloso amor del Padre, nos dice que a pesar de lo inconmensurable que es, puede hacerse uno de nosotros, para que con nuestra limitaciones humanas, podamos entender a Dios mismo y sin embargo, muchas veces Dios pasa a ser una cosa que se tira, o se deja o se ignora, que se evita en las escuelas, que se saca de nuestras instituciones, y de nuestras familias, porque debemos “hacer una vida laica para ser justos con todos”.


A ese Jesús, nosotros creemos.  Con Él, podemos meternos en lo infinito y sentirnos desde ya parte de la maravillosa plenitud de los tiempos. A Él, recibimos en un pedacito de pan, muy chiquito…¡que desperdicio ignorarlo o rechazarlo ¿no?!.
Estar cerca de Él, dejarlo entrar en nuestras vidas, encarnarnos con Él, quizás sea la decisión más inteligente y sabia para entender a Dios que cada uno tiene en el corazón. Es encender esa chispa divina para que inflame nuestra vida y nuestras actividades, es sentirnos parte, es pertenecer a Dios, es sentir que somos fuertes  y que nada ni nadie podrá hacernos mal.
Y, perdón por la comparación, como aquel meteorito del universo, Jesús nos trae datos del Padre y nunca dejaremos de asombrarnos porque el mayor dato que nos trae, es que a pesar de lo pequeño que somos, Dios nos ama y quiere siempre nuestro bien.

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