jueves, 18 de abril de 2013

Juan 6,44-51.


Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escucha do al Padre y ha recibido su enseñanza.
Pues por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.
En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida.
Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron:
aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»


Algún desprevenido, que lea estas palabras dirá: ¡este tipo está loco! ¿Dar de comer su propia carne? ¿No será mucho? Si nosotros no supiéramos el final de la película, diríamos lo mismo, porque no nos imaginamos comiendo carne humana, que, además, se acaba…solo recordando aquel momento de la  última cena, nos damos cuenta, entendemos, el misterio: la carne de Jesús es el pan consagrado por Él primero, por sus sacerdotes después. La sangre, de Jesús es el vino entregado por Jesús en aquella noche y es el vino consagrado por los sacerdotes.

Entonces, entendemos el milagro de amor de Jesús, entendemos su deseo de quedarse para  siempre al lado nuestro, entendemos la simpleza de su vida, aquí no hay burocracia: miren si para comer el cuerpo del señor, cada vez tendríamos que llenar formularios, buscar papeles, pagar, etc etc… aquí hay pan generoso dado para todos y en ese pan, pequeñito y sencillo, esta Dios mismo, Jesús así como vivió en la Palestina, está su vida sus sentimientos, su corazón, está su doctrina.

¡Maravillosas manos de los sacerdotes que pueden hacer este milagro! Dichosa vida la nuestra que puede recibirlo tan simplemente.

Un  ateo, discutía con un católico y le decía: ¿ustedes están seguros que ahí esta Dios? Señalando un sagrario,
-si, le dijo el católico
-pero ¿seguro?
-.si, ahí está Jesús en alma cuerpo y divinidad
-pero entonces ¿Por qué están vacías sus iglesias, porque no se alimentan todos los días con él, porque no están cerca de esa casita (sagrario) , porque veo a gente entrar por la iglesia y ni siquiera mirar hacia ahí?




Así es. ¡cuánta gente sigue a sus ídolos, a veces hacen carpas para sacar una entrada, esperan toda la noche para poder entrar a un show, quieren recibir sus saludos, un sueño que su mirada se pose sobre ellos, y mucho más si pudieran sacarse una foto con él!... Jesús, el amigo fiel, muchas veces solo, despreciado por nosotros sus amigos, a veces simplemente por no luchar por mantener la vida de gracia, por dejarnos estar, porque el mundo nos atrapa con sus luces de colores.

Tanto deseaba el pueblo el maná, porque tenía hambre, y Dios mandó el maná del cielo… tanta hambre tenemos nosotros, tantas necesidades, tantas pruebas, y tenemos el pan regalado todos los días y a veces no somos capaces de ir a tomarlo. ¿Será que no tenemos hambre de Dios? ¿Qué estamos satisfechos y creemos que podemos hacer nuestra vida solos sin Jesús?.

Una cosa sabemos: que comiendo ese pan, viviremos para siempre, porque nos unimos, mejor dicho, nos hacemos una sola cosa con Jesús. Porque así como cualquier alimento, por los procesos digestivos pasa a ser parte del cuerpo, también este pan, cada uno de sus partecitas, alimenta nuestro cuerpo, y cada órgano tiene algo de Dios.

El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

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