jueves, 25 de abril de 2013

Marcos 16,15-20


Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación.
El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer será condenado.
Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas;
tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares. El Señor actuaba con ellos y confirmaba el mensaje con los milagros que los acompañaban.


Cuarenta días después de aquel momento de la entrega, en el mismo lugar, pero ahora frente a “otros” apóstoles, más comprometidos, más jugados, más seguros de quien era Jesús. La resurrección les había marcado.

Jesús vino a la tierra para mostrarnos muchas cosas, para enseñarnos de su Padre , pero sobre todo para formar, modelar, adoctrinar a doce  apóstoles para que estos, una vez cumplido su tiempo en la  tierra,  puedan continuar su obra llevando la Buena Nueva a cada rincón…pero, que duro debe haber sido para Jesús sentir esa sensación de fracaso viendo que, uno a uno, sus jóvenes elegidos se iban dejándolo solo, traicionándolo , alguno, negándolo otro, yéndose, la mayoría. Y en la cruz habrá pensado ¿y ahora?, quien seguirá con lo que vine a traer?...

Nunca tuvo un plan “B”: a pesar de todo, siguió confiando en aquellos rudos hombres, alguno un poco más intelectuales otros menos, pero todos, apasionados seguidores suyos.

La resurrección, antes que Pentecostés, ya los había marcado a fuego. Confirmó su fe,  les dio fuerza y seguridad en sí mismos. Ahora estaban distintos. Creían en Jesús resucitado y eso era su mayor tesoro.

¿Cuántas veces le hemos fallado a Jesús y sin embargo, sigue confiando y creyendo en nosotros para llevar la Buena Nueva a cada Rincón?. No tiene plan “B”.  Hubiera sido más efectivo  usar “lavado de cerebros”, o poner un chip de la fe en cada uno para que todos creamos y  nos amemos unos a otros y a Dios, y seamos buenas personas, y todo el mundo sea un paraíso, pero no. Puso el chip de la libertad  en cada ser humano. Por eso nuestra tarea será exponer nuestra fe, nunca imponer, para que en esa libertad los hombres vayan encontrándose con el Señor y reaviven si, esa chispa divina que hay en el corazón del hombre.

Somos  hoy, aquellos apóstoles de Jesús Resucitado, hoy depende de nosotros. Aquellos, cumplieron. Pues hoy, después de más de 2000 años, somos muchos los cristianos  habiendo arrancado con aquellos once primeros.

¿ por dónde comenzar? ¿Cómo hacerlo?. Hace unos días el Papa Francisco nos decía algunas palabras al respecto:

“Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. Me viene ahora a la memoria un consejo que San Francisco de Asís daba a sus hermanos: predicad el Evangelio y, si fuese necesario, también con las palabras. Predicar con la vida: el testimonio…”

Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. ¿vamos?

Publicar un comentario