miércoles, 8 de mayo de 2013

Juan 16,12-15.




Aún tengo muchas cosas que decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora.
Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir.
El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él.
Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes.»




¿Qué hacía falta para que los apóstoles no se dispersen? Un Espíritu que los una en la verdad, en lo verdadero, en lo que es, en lo fundamental.
¿Qué hubiera pasado si no ocurría eso? Quizás cada uno tomaba por su lado, interpretaba las palabras dichas por Jesús, como le convenga, hacía cada uno su propia iglesia con sus séquitos, el egoísmo afloraría siendo todos “jefes” sin una voz de mando, se dispersarían,  y cada uno diría “su verdad”, a veces hablando mal de la “verdad” de los otros…y todo lo ideado, lo soñado por Jesús,  quedaría en la nada. “que todos sean uno, como Tu y yo somos uno, que sean uno para que el mundo crea”, les había dicho en la última cena. Para estar unidos, para ser uno, debía haber algo a alguien que les una en la verdad, en lo que realmente fue y pasó en forma objetiva, en que no quede nada librado a la interpretación errónea que cada uno pudiera hacer.
 
Este Espíritu de la Verdad, es con quien podemos contar nosotros también. 
Cuando en el mundo se escuchan voces sobre cualquier tema, político, social, económico, religioso, sobre la vida y la muerte, nosotros los cristianos tenemos ese gran adalid que se llama Espíritu de la Verdad. Él nos permite saber, nos permite entender, nos permite conocer la verdad absoluta, si, absoluta, porque es la verdad y la sabiduría de Dios, autor de todo,  creador de todos,
separador de cualquier filosofía o sistema de gobierno.
 El, nos hace saber en la verdad, a quien votar en elecciones locales, a quien recurrir cuando tenemos duda, a quien consultar cuando no tenemos certeza sobre algo incluso de nuestra religión.
A Él le interesa que nuestro pensamiento sea libre y verdadero, que no nos confundan doctrinas erradas que nos llevan a un futuro totalmente incierto. El nos ayuda a descubrir la verdad en nuestra Iglesia, y no tener que dudar  ni buscar “verdades” parciales en otros rincones.

Él, es el Espíritu de la Verdad…¿cuánto lo necesitamos? Mucho, pues a diario nos surgen dudas de veracidad y dudas de identidad cristiana. Frecuentemente nos asaltan cuestionamientos nuestros y de los demás sobre nuestra religión sobre la Biblia, sobre la Iglesia.
A diario tenemos dudas sobre las decisiones que tomamos: Él nos ayuda a tomarlas desde la verdad, desde lo que es, y lo que será mejor.

Él nos ayuda a descubrir la vocación personal, pues nos muestra la verdad sobre nuestra vida, y nuestros talentos y aptitudes. Nos ayuda a consolidar nuestras decisiones porque fueron hechas en la verdad, fueron hechas a la luz de su sabiduría.

Ven Espíritu de verdad. Te necesitamos, para que nos ayudes a descubrir, consolidar, saber, entender la verdad en……….. (Cada uno sabe dónde)
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