martes, 7 de mayo de 2013

Juan 16,5-11.

Pero ahora me voy donde Aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy.
Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije,
pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya el Protector no vendrá a ustedes. Yo me voy, y es para enviárselo.
Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio.
¿Qué pecado? Que no creyeron en mí.
¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre, ustedes ya no me verán.
¿Qué juicio? El del príncipe de este mundo: ya ha sido condenado
.
 
El Espíritu Santo nos hace entender, nos hace abrir los ojos, nos explica la historia, nos explica nuestra historia. Con Él y en Él, podemos poner nuestra vida desde el nacimiento y encontrarle un sentido. Nos muestra nuestro destino, desde nuestro pasado, nos hace dar cuenta para que estamos en la tierra, que estamos no solo porque podemos respirar gratuitamente, sino que tenemos una misión que cumplir. Nos ayuda a darle un sentido a  nuestra existencia.
El espíritu Santo, nos ayuda a creer en Jesús y fundamentalmente, creerle a Jesús. Nos ayuda a vivir según el camino de felicidad trazado por el Señor, nos ayuda ser justos con nuestros hermanos.

Tenemos una ventaja al lado de los apóstoles que escuchaban a Jesús: nosotros ya conocemos las bondades del Espíritu Santo y en cuánto Él nos ayuda a entender. Por Él, se mueve nuestro cristianismo. Guía a la Iglesia por los senderos de la evangelización, guía al sacerdote en su misión, nos guía a los esposos en la formación de nuestros hijos, guía la enseñanza católica en bien de niños y jóvenes. Nos guía en nuestras decisiones desde las más sencillas y simples hasta en las más difíciles de tomar.

Solamente debemos estar abiertos, y dejar que Él llegue hasta lo más profundo del corazón , dejarnos guiar por Él, que para eso es Dios y vivir de alguna manera “haciendo la plancha”, dejándonos que nos conduzca por lugares insólitos, a los que solamente podríamos ir con su compañía.

Él nos hace ser testigos en un mundo injusto, de pecado, que condena al más pobre por el solo hecho de serlo. Él, nos hace ser otros cristos, vestidos con ropa del siglo 21. El nos da la fuerza, la voluntad y la valentía para ser testigos.

Que este camino de preparación para su llegada que hace y nos hace el Señor, sea también para nosotros para pensar en cuánto nos dejamos ayudar por este Espíritu Santo que quiere facilitarnos la vida dándonos la sabiduría para entender y la fortaleza para ser.

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