viernes, 24 de mayo de 2013

Marcos 10,1-12.


Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre.
En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?»
Les respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?»
Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después divorciarse.»

Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes.
Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer;
por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa,
y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo.
Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe.»
Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo,
y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa;
y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio.»



Matrimonio, amor, noviazgo, fidelidad, palabras que poco a poco van desapareciendo del diccionario, o mejor dicho van siendo redefinidas de otra manera.

Para ordenarse de sacerdote, pasan siete, nueve, diez u once años, entre estudio, discernimiento, estudio, más estudio, más discernimiento…con eso llega el día que reciben el Orden Sagrado.
 Para el sacramento grande ( como lo llama San Pablo), para el matrimonio, ¿cuánto tiempo usamos en prepararnos? En muchos lugares, con una servicialidad y generosidad que asombra, un grupo de hermanos les brinda una semana, dos o tres horas por día, la posibilidad de prepararse a través de un curso de preparación inmediata, pero ¿Qué es ese esfuerzo ante tamaña decisión? Porque si pasamos 20 0 25 años solos, pasaremos ( y esa es la idea) 30 o 40, 50 tal vez o más años junto a una persona a la que juré hacerla feliz y amar, y con quien prometí ser fecundo .

A cuantos adolescentes y jóvenes tenemos la posibilidad , le decimos que esa preparación para el matrimonio, comienza en la adolescencia , se sedimenta en la juventud, porque no se trata a veces de preparar posiciones mágicas, u otras cuestiones menores, se trata de conocerse a uno mismo primero, crecer en valores fundamentales, amor a la vida, a la familia, crecer en la voluntad,  conocer cómo reacciona el otro sexo ante situaciones similares, conocer a la otra persona cuando ya estamos de novio, conocer, ponerse en sintonía, dialogar, mucho diálogo, decir lo que me parece bien, lo que me hace bien, saber lo que a la otra persona le hace bien ( que no siempre es lo que le gusta), lo que le plenifica, lo que le hace feliz, y en ese conocer y conocerse, el amor crece…el amor entendido como Jesús, amor que da, que busca el bien de la otra persona, amor que es fecundo, y esa fecundidad entendida primero como sociabilidad, pues uno se hace mejor persona, más feliz, más pleno y poco a poco se ven las consecuencias en el ámbito de la vida, de esa transformación.

En los matrimonios, la cuestión será recrear el amor del primer momento. Pagar la factura de la luz es algo que cuesta, pero si no lo hago me cortan la corriente eléctrica. Pagar el amor matrimonial, por decirlo de alguna manera, es algo que debo hacer para que el amor
siga vivo: recrear, romper la rutina, conquistar a mi esposa o esposa todos los días… los hijos nunca dirán :mira, ahí va mi ex papá o mi ex mamá… pero si uno puede decir ahí va mi ex esposo o mi ex esposa. Y a veces cuidamos mucho a los hijos y nuestra relación con ellos ( lo cual es excelente) pero no tenemos el mismo cuidado con la pareja,  cuando en realidad debería ser lo primero.
Después,  habrá circunstancias distintas, situaciones a veces dolorosas, frágiles, no preparadas ( voluntaria o involuntariamente), no deseadas, que hará que algunos vayan por este camino distinto del que propone Jesús hoy. Dios sabe. Él, en su infinita bondad sabe ver mejor que nosotros.

Pero los que estamos en este camino de santidad que es el matrimonio, o los que podemos trabajar por matrimonios mejores que serán familias mejores, es bueno que podamos re crearnos también nosotros en el compromiso, en el amor, en romper día a día la rutina, destructora de amores, y que podamos dar en el mundo testimonio del “SI SE PUEDE”, vivir en el amor, y ser feliz y fiel.

Que Jesús nos de la gracia a todos los que estamos llamados a esta vocación, a vivir unidos en su amor que, con eso, basta.
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