miércoles, 22 de mayo de 2013

Marcos 9,38-40.


Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.»
Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí.
El que no está contra nosotros está con nosotros.




Recordaba, leyendo esta Palabra de Dios, aquellas consignas que el Cardenal Bergoglio, creía necesarias para el nuevo Papa a elegirse, sin sospechar que sería él mismo:


1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresia de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria.
2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma (cfr. La mujer encorvada sobre sí misma del Evangelio). Los males que, a lo largo del tiempo, se dan en las instituciones eclesiales tienen raíz de autorreferencialidad, una suerte de narcisismo teológico. En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar… Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir.

3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser el mysterium lunae y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual. Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí; …, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas.

4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de ‘la dulce y confortadora alegría de la evangelizar’”.


Muchas veces , por ese celo de creer que Cristo vive aquí, y cuando digo aquí, me refiero no solo a nuestra Iglesia, muchas veces es en el Movimiento al que pertenezco, o en la Parroquia a la que concurro, o que no hay mejores misas que las que dan en mi capilla, o … sigue la lista
¡cuántas veces encerramos a Jesús en nuestro movimiento, en nuestra Iglesia! Nos volvemos autorreferenciales, nos alabamos entre nosotros, nos juntamos entre nosotros solamente, vivimos en un pequeño círculo del que no salimos a veces por miedo, a veces por falta de compromiso hacia las realidades terrenales, a veces por vergüenza… y Jesús, como dice el Papa, parece tocar desde adentro la puerta, para que lo dejemos salir.

No solo eso, sino que, aparte de no hacer,  se critica a quienes lo hacen y cuando hay alguien bueno, se le buscan mil y un defectos, para  confundir a los que creen en esa persona o institución.

A veces en nuestras parroquias, la gente es siempre la misma, pues así está bien, hay menos desorden, estamos más seguros, hablamos el mismo idioma, cuánto menos jóvenes hayan mejor es, pues “ellos quieren modificar cosas hacen mucho ruido”…

También hay gente muy buena, de gran corazón, que no cree en Dios,  que no tiene el don de la fe.
    Ni el mismo Dios está lejos de otros que buscan en sombras e imágenes al Dios desconocido, puesto que todos reciben de El la vida, la inspiración y todas las cosas (Lumen Gentium) .  
Personas generosas, que hacen el bien, honradas, sencillas, que buscan la verdad a su manera y que creen en el bien del hombre y que buscan su bienestar.

Que seamos parte de una Iglesia que no se autorreferencia, que abramos la puerta hacia los demás, que contagiemos con nuestra vida la maravilla de la vida de Jesús, que apoyemos a quienes trabajan por el bien de los demás, sean o no de nuestra “vereda”, que seamos generosos en desear el bien a los que trabajan con otra espiritualidad, que no seamos celosos si alguien consigue frutos que nosotros no, que apoyemos iniciativas que tienen que ver con la defensa a la vida, a la familia, a la niñez y adultez, aunque no sean del mismo “palo”… Jesús no lo impidió, nosotros tampoco. Si no están contra Él, están con Él.
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