martes, 11 de junio de 2013

Mateo 10,7-13.

A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca!
Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar.
No lleven oro, plata o monedas en el cinturón.
Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento.
En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan.
Al entrar en la casa, deséenle la paz.
Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes.

Hoy,  es la fiesta de San Bernabé, un hombre bueno que no pertenecía a los doce , pero muy probablemente, a los setenta y dos. En todo caso es una figura de la fervorosa comunidad cristiana, que se formó en Jerusalén después de Pentecostés.  Los Apóstoles tenían mucho aprecio a Bernabé y lo escogieron para la evangelización de Antioquía.

La liturgia nos presenta esta cita de San Mateo, reafirmando la vocación y pasión evangélica de Bernabé, tan necesario para la conquista del corazón de los hombres de Antioquía. Él, buscó a Saulo, recién convertido, sacándolo de su retiro de Tarso. Después de un año, lograron muchísimos frutos de conversión al cristianismo. Allí, en Antioquía, fue donde  a los discípulos se les empezó a llamar “cristianos”.

Y fueron con Pablo por muchísimos caminos anunciando esto que nos dice hoy la lectura , confiando en la providencia y seguros que el Espíritu Santo los llevaría por caminos increíbles .

Quizás entre nosotros haya alguien que vaya camino por camino, senda por senda, ciudad por ciudad, proclamando la Palabra de Dios. Quizás sea la experiencia de muchos sacerdotes que, por obediencia, parten de un lugar a otro, tratando de llevar a cada rincón donde ejercen, la Palabra de Dios con tanta pasión.

Quizás a nosotros nos toque hacer todos los días el mismo camino: a la facultad, al estudio, al trabajo, en el hogar con las tareas rutinarias, yendo al almacén, al partido de futbol, a la Iglesia… compartimos muchas veces con las mismas personas este camino en cada lugar
donde pertenecemos, o nos encontramos con gente a la que nunca vimos y quizás, no volveremos a ver:
A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca!

Si, cerca de ellos y de nosotros. Jesús quiere venir al corazón de cada uno de los que nos rodean y nos usa de instrumentos para llegar hasta ellos. El reino de los cielos, el amor de Jesús, el amor de Dios Padre quiere hacer morada en el corazón del muchacho o la chica, del hombre y mujer adultos, de los niños y ancianos, que caminan junto a nosotros el camino de la vida.

Y para eso nos pide que confiemos en Él, que nos confiemos en su providencia, que mostremos con nuestra fe en esa Misericordia Divina, que se puede , que se puede ser feliz, vivir en paz, sonreír con ganas, ganar amigos, divertirse sanamente, ser mejores como personas.

A aquellos apóstoles les decía que no lleven nada, justamente para que aprendan a confiar en la Providencia divina.

Una gran tarea para el día de hoy:
·         Prediquen el evangelio en todo tiempo y de ser necesario usen palabras,” nos recordaba el  Papa estas palabras de san Francisco.

·         Confiar en la Providencia divina, amor de Dios personal sobre cada uno que nos cuida, nos mima, nos cerca, nos llena de bendiciones, nos brinda lo necesario, nos invita a descansar en su vida.
Publicar un comentario