lunes, 17 de junio de 2013

Mateo 5,38-42.

Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente.»
Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.
Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.
Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda


¿será posible un mundo así?

 Recuerdo una fábula  que me contaron y que transcribo:

Un importante empresario gritó al director de su empresa, porque estaba enojado en ese momento. El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado, porque había un abundante almuerzo en la mesa. Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar. El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque estaba obstaculizando su salida por la puerta. Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida y gritó al joven médico, porque le dolió la vacuna al ser aplicada. El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado. Su madre, tolerante y un manantial de amor y perdón, acarició sus cabellos diciéndole: "Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás cansado y necesitas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias, para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor". Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos... En ese momento, se interrumpió el círculo del odio, porque chocó con la tolerancia, la dulzura, el perdón y el amor.

Alguien debe ser capaz de decir ¡basta!, de romper ese círculo de odio, de rencor, de maldad, en nuestra casa, en nuestra familia, entre nuestros amigos, en la sociedad. Alguien debe ser capaz de decir ¡basta! a las ofensas públicas a las difamaciones, a la guerra mediática de un partido contra otro, de un grupo social contra otro. Alguien debe ser capaz de decir ¡basta!, a la violencia de género, o contra los más débiles.

Dios ante tanta ofensa del hombre, nos entregó a su hijo que cambió las ofensas con su sangre derramada y entregada. Jesús, nos invita a hacer lo mismo, a poner la otra mejilla si con eso rompemos esos círculos de odio. ¿a cuántos Jesús transformó la vida y los hizo romper con ese destino que parecía fijado de seguir repitiendo los mismos errores de los mayores? A chicos con padres golpeadores, Jesús transformó en buenas personas con un hogar al que muestran orgullosos, dando cariño y mimos en vez de golpes y gritos.

Debemos  animarnos a ser los que corten ese círculo de violencia que más que círculo es un espiral que nos conduce a la perdición y la muerte. Ojalá que todo lo que pase por nosotros de estos males de la sociedad seamos capaces de mandar a nuestra “papelera de reciclaje” y al olvido: habladurías, difamaciones, calumnias, sed de venganza, vicios, odio, etc etc… Jesús nos ayuda a lograr un mundo, nuestro mundo (comenzando por el corazón), más acorde a su plan de felicidad. ¿lo dejamos hacer de Dios?

Jesús, haznos instrumentos de tu paz.
Publicar un comentario