viernes, 28 de junio de 2013

Mateo 8,1-4.

Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres.
Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.»
Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» Al momento quedó limpio de la lepra.

Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración.»



«Señor, si tú quieres, puedes limpiarme.» una letanía para rezarla todos los días de nuestra vida.
Cuando ya no tenemos fuerzas, cuando el mal es más fuerte en nosotros que nos domina, cuando bajamos los brazos, cuando sentimos que todos se alejan de nosotros, cuando nos excluimos solos o nos excluyen por nuestra forma de ser, cuando la enfermedad golpea el corazón, hasta en esos momentos tenemos un segundo para pensar en ese Buen Jesús que quiere el bien, que quiere nuestra salud, que está dispuesto a pasar por encima de todo (incluso de la rigurosidad de la ley de entonces en lo referido a los leprosos), para darnos una mano y para decir una y otra vez: «Quiero; queda limpio.»

Me llega hoy una palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta, que se las comparto:
“En nuestros días, en Occidente, la peor enfermedad no es la tuberculosis o la lepra sino el sentirse indeseable, abandonado, privado de amor. Sabemos cuidar las enfermedades del cuerpo por medio de la medicina, pero el único remedio para la soledad, el desconcierto y el desespero es el amor. Hay mucha gente que muere en el mundo por falta de un trozo de pan, pero hay muchos más que mueren por falta de un poco de amor. La pobreza de Occidente es una pobreza diferente. No es sólo una pobreza de soledad, sino también de falta de espiritualidad. Existe un hambre de amor como existe un hambre de Dios...
Si somos nosotros los que padecemos esta enfermedad, sepamos que Jesús nos ama y que hay siempre gente que nos ama y nos brinda el corazón y que sufrirá si nos pasa algo.
Si somos nosotros  quienes podemos actuar de otros Cristo en la sociedad actual, comencemos (si no lo hemos hecho ya) , y ayudemos a Jesús a que pueda llegar al corazón de tantos que lo necesitan para llenar el vacío existencial que habita en el corazón de ellos y de la humanidad.



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