jueves, 18 de julio de 2013

Mateo 11,28-30.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. 
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".




“El yugo es un instrumento de madera al cual, formando yunta, se unen por el cuello las mulas, o por la cabeza o el cuello los bueyes. El efecto del yugo es unir estrechamente a dos seres vivos, haciéndolos compartir idéntica ruta y un mismo destino. La expresión viene del latín, "iugulus": garganta. De ahí las venas yugulares, a uno y otro lado del cuello.” ( google siempre ayuda).

Era un pueblo  oprimido y cansado de tantas exigencias, establecida por leyes , ritos, preceptos desgastantes y a veces imposibles de cumplir.
Un pueblo agobiado por el poder, por gobernantes que nunca bajaron al ruedo de vivir como ellos decían que había que hacerlo. Jesús conocía a su gente, se ensuciaba los pies junto a ellos, conocía el lago, el mar, los campos, hablaba de lirios, del sembrador que salía a esparcir la semilla, del hombre que guardaba sus granos en silos, del pescador que pasaba toda la noche sin pescar nada, preparaba el fuego para asar los pescados, se reía, se divertía compartía con ellos, su vida, sus emociones, sus angustias, sus alegrías, sus penas. Lloró por un amigo, se compadeció de una pobre mujer que había perdido su único hijo y su sostén, por los enfermos que llegaban hasta Él, sin despreciar a ninguno, a tal punto que sus parientes creían que estaba loco porque no comía ni dormía por atenderlos, curaba leprosos, los tocaba, los acariciaba y después no se refregaba las manos con alcohol, como hoy hacen nuestros políticos después de los besos, abrazos y “bendiciones” de campañas…

Ese Cristo, Maestro bueno, les invitaba a descansar en Él, a compartir la ruta y el destino, a ser paciente y humilde de corazón como es Él. A dejar todo en sus manos, a ponerse ese yugo que es suave para seguir el mismo camino…
 
Les invitaba… nos invita.
 Al leer esta cita del evangelio, parece que el mensaje no era para aquellos que compartían los días con Jesús, es para cada uno. Parece que Jesús nos mira a los ojos, sonríe y nos dice: ven comparte el yugo conmigo, esto es suave, no es opresor, te quiero, quiero lo mejor para vos, deja tus angustias, preocupaciones, tristezas, déjalas en mí que tengo espaldas fuertes, te entiendo, vamos juntos, conmigo la vida es menos complicada es más alegre. Ven, deja tus dolores, déjalos en mí. Quiero estar unido a ti, mi ruta vale la pena, no hay nada como ir juntos a la par, quiero ser tu con-yuge, tu amigo, tu compinche, tu hermano. Encontrarás en mi, alivio y fortaleza, nada ni nadie podrá contra Ti, iremos juntos en el camino de la vida y eso te hará libre, libre, muy libre.


Señor, gracias por tu yugo que es suave y ligero. Gracias por enseñarme con tu vida, a ser paciente y humilde de corazón. Gracias por dejarme descansar en tus  manos, gracias por ir junto conmigo, a la par. Gracias Señor. Hoy, quisiera ayudarte, siendo yugo para otros que buscan el camino y no lo encuentran. Este yugo que es el tuyo, les trae la paz.
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