martes, 9 de julio de 2013

Mateo 9,32-38.

En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. 
El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".
Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios".
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."

Un mudo, sin poder hablar, expresar todo lo que tiene en su corazón, solo a través de escritos tediosos porque solo expresan unas cuantas palabras, pero no las emociones. Un mudo, un a-dicto, que no puede hablar con los demás sus problemas, contar sus alegrías, desahogarse ante la crisis. Un mudo que no puede decir: te amo a la persona amada, con la expresión de la voz, con la sinceridad que brota del corazón. Solo a través de un papel o de un gesto.
¿A cuántos debería curar hoy Jesús de su mudez?
Chicos a-dictos que no hablan sus problemas y que sumergen en un mundo muchas veces sin retorno, al que se retorna justamente hablando y mucho del problema.
 Hombres, mujeres, que prefieren hacer uso del chat en todas sus formas, con personas lejanas, con varios a la vez, pero que son mudos en sus hogares con papá, mamá, hermanos.
Hombres y mujeres, que se guardan sus problemas para no inquietar a los cercanos y terminan sumergidos en estados  de stress…
Mudos selectivos, que son mudos ante ciertas personas y que hablan “hasta por los codos” con otras personas, y no por timidez, sino por discriminar en muchas ocasiones al interlocutor.

Y ante el milagro de Jesús, la reacción diversa de aquellos hombres: unos, los simples, aceptando y maravillándose, con lo obrado por Jesús.
 Nunca perdieron la capacidad de asombro ante las maravillas de Dios.
Otros los escépticos, que le buscan siempre “la quinta pata al gato”, que le encuentran algo raro a las cosas, que cuestionan todo.
¿en cuál grupo estamos? Ojalá que nunca perdamos la capacidad de asombro ante la grandeza de Dios, que se manifiesta en un amanecer con cantos de pájaros y el sol apareciendo por el horizonte, ante una flor que nace y se hace hermosa, ante un niño que nace y que comienza llorando su periplo por este mundo, ante una mirada de mamá, llena de amor y de ternura.
¡Que siempre seamos testigos de ese amor infinito de Dios que se manifiesta en las pequeñas cosas de cada día!

¿Cuánta gente ve hoy Jesús que perdieron esa capacidad de asombro, que viven amargados, solos tristes,  jóvenes que deambulan sin encontrar sentido a su vida, hombres y mujeres con la vida casi destruida por problemas nunca resueltos, familias rotas, deshechas, ruido, diversión a morir, y siente compasión de ellas?…
Tantos que necesitan ejemplos de vida, alguien que les diga que es posible, que se puede ser feliz siendo cristianos.  Si, puede ser que haya muchas ovejas de las buenas que no tienen quien las pastoree porque faltan vocaciones sacerdotales , religiosas y laicales, pero están estas ovejas perdidas, alejadas, lastimadas, que piden a los gritos un
pastor, alguien que sea capaz de conducirlas solo mostrándoles el camino, hacia un lugar seguro. Y esto es para vos y para mi, para todos los que alguna vez encontramos a Jesús, porque ese amor se hace manantial que debe regar todo lo árido de nuestra sociedad.

"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."

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