sábado, 10 de agosto de 2013

Juan 12,24-26.

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.


Un carpintero, estaba trabajando en una mesa de esas ratonas, chiquitas, que tenía la particularidad de poseer una bandeja en la parte central, cerrada con vidrio. Muy bonita. Luego, la vi luego terminada. En su bandeja había, acomodada muy elegantemente y con un cuidado extremo, miles de semillas de distinto tipo que la embellecían aún más. Y así fue a parar a algún living de un hogar que poseía aquella mesa como centro de reunión de familiares y amigos.

Botellas en desuso, llenas de semillas acomodadas por forma, tamaño y color, centros de mesas igual. ¡Qué lindos adornos!

Son semillas retiradas, a los que no les puede dar un poquito de humedad. El miedo al agua no es de ellas, es del que las conserva ahí pues sino explotan en especies impensadas para un living de casa.

Es que la semilla tiene todo adentro para convertirse en la planta a la que fue destinada. Solo cuando  conoce la “muerte” esto es, pudrirse, ahogarse, y sentir quizás el fracaso de su ser semilla,  es cuando comienza la nueva vida a la que fue destinada, convirtiéndose primero en un tallo y luego en una espiga que tiene muchísimos granos.

Aquel que se queda en semilla, puede ser un lindo adorno, pero no cumple su misión. Aquel que cree que la vida es su posesión, que vale solo para él o ella, que no mira alrededor, que no sale de si mismo/a, que se auto compadece permanentemente, que no sabe ver los problemas de los demás, que considera que todo gira alrededor de uno, que vive “dando besos a la imagen que aparece en el espejo”, que habla siempre de si mismo… es una semilla de mesa que sirve para adornar pero no para dar frutos. El adorno cuando se pierde de moda, se tira y se cambia.

Que el ejemplo de San Lorenzo, cuyo día celebramos hoy, nos ayude a salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás, que nos ayude a morir a nuestra comodidad, a nuestro egoísmo para ponernos decididamente a servir a los otros. Seremos como esas espigas llenas de granos, habremos producido muchos frutos.


El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. En el pobre, en el prójimo, en papá, mamá, en los hijos, en los empleados, en el jefe, en el barrendero que pasa por casa, en el joven sin ilusión ni esperanza, en el chico que va al comedor parroquial, está Él, listo para que podamos servirle, amarle, cuidarlo, entregando lo de uno hasta que duela.

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