jueves, 1 de agosto de 2013

Mateo 13,47-53.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.
Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí

Es la última de las parábolas de lo que se llama el “sermón de las Parábolas”. Seguramente , la gente del lugar, habrá sentido orgullo de aquel cuento, pues eran pescadores que vivían alrededor del lago y su economía familiar dependía de él.  Entendían bien el mensaje, pues lo hacían todos los días. Habrán pensado en un instante en ellos mismos haciendo la tarea que describía Jesús, hasta que pensaron en qué tenía de relación esa tarea con el reino inmenso de Dios. ¡Sí, claro, entendemos, ¿Cómo no?! Habrán dicho.

Es el pescador que echa las redes…redes, no bolsas de plástico para que entren solo algún que otro pez, redes, abiertas, fuertes, seguras en manos del pescador, que sabe en qué momento levantar para pescar. Redes que necesitan de dos o tres o cinco, para levantarla, haciendo todos la misma fuerza, pues es una tarea solidaria… no dice, como ésta no la tiré yo, que la levante solo el que tiene la suerte de pescar… la pesca en red  es de todos los de la barca. No dice tampoco: yo soy selectivo para pescar, pesco solo peces buenos, que valen la pena…es una red que se echa y que se recoge.

Los peces son buenos o son malos, eso no es designio del pescador. Al final los buenos se llevarán a casa, y los pescadores llegarán felices al final de su jornada, los malos serán arrojados a la basura donde hay fuego permanente que se alimenta con la nueva basura. En ese lugar en tiempos de Jesús, la basura quedaba en un valle cerca de la ciudad que se llamaba geena. Y no es que Dios, pescador, excluya, sino uno mismo que se excluye, por la misma libertad regalada y respetada por el papá bueno que es Dios.

Jesús, también nos invita a tirar las redes. Hay muchos peces que necesitan alguien que tire esas redes, y hay pocos pescadores. Aquellos eran “profesionales” porque vivían de eso. Nosotros, cada uno de nosotros, tenemos nuestra vida en las profesiones, en los oficios, en el hogar, casados, solteros, sacerdotes, monjas… cada uno en su lugar, es necesario que tire redes y que ayude a otros y se deje ayudar a levantarla.

Colegios que nunca han escuchado hablar de Dios, oficinas donde nadie habla de Dios, sociedades en que nadie habla de Dios, universidades en que se silencia el nombre de Dios…tantos lagos donde arrojar las redes, tantos lugares donde hay “hambre de Dios”… hasta en la propia familia.



Ojalá que esta parábola toque el corazón de todos y nos impulse a arrojar redes en nombre de Jesús.
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