sábado, 17 de agosto de 2013

Mateo 19,13-15.




Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,
pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí.



Sinceridad, simpleza,  amor sin interés, amistad sin exclusión, confianza ( a veces lastimada por adultos inescrupulosos), serenidad, despreocupación, intuición, tantas virtudes que teníamos en algún momento de nuestra vida y muchas veces hemos perdido por los avatares del momento y la edad.

Según las estrictas reglas judías, los niños por las condiciones en que vivían, de juegos, tierra, suciedad, eran considerados impuros, y si tocaban al maestro, seguramente lo
“contagiaban”. Jesús rompe esas normas intolerantes  y reta a los discípulos pues le impiden a los niños llegar hasta Él. Es que se siente feliz en medio de ellos, los niños intuyen que ese hombre es bueno, y  quieren romper las “normas de protocolo” y acercarse sin más al que consideran amigo. Otra hubiese sido la actitud de los niños si sospechaban, por ejemplo, que ese hombre “se puede enojar y retarnos a todos”… es que Jesús emanaba bondad y ternura a pesar de su aspecto de hombre rudo, grandote, carpintero…

Una vez en la mesa familiar, comentábamos con tristeza el fallecimiento de un joven por leucemia, por el que en el colegio donde iban los chicos nuestros, habían hecho festivales y otros eventos para recaudar fondos para ayudar en el tratamiento.  El más chico de mis hijos dijo: ¿es la primera vez que se nos muere alguien por quien rezamos e hicimos cosas, no?... empecé a pensar en la mejor respuesta para que no quede esa idea falsa que Dios es malo, que a pesar de rezar lo mismo fallecía algún ser querido, que , en fin, algún día sabremos todo, que esto debe hacer que nos acerquemos más a Dios y tantas y tantas respuestas que daban vuelta por mi mente en dos segundos, cuando  el que le sigue en edad dijo: si. El más chico respondió : ah… y ahí se acabó todo y seguimos comiendo recordando los momentos de alegría que habían pasado, colaborando con el muchacho que ya no estaba.

Ojalá que todos podamos volver a ser niños en ese sentido de simpleza, sinceridad, confianza, que tengamos a Dios por amigo, y no como un enemigo al que hay que expulsar lejos, que podamos admirarnos entre todos, que seamos empáticos unos con otros. Al mundo le hace falta un baño de niñez y como todo cambio en el mundo, ese cambio comienzo por uno mismo.

Y feliz día del niño, mañana en Argentina, para todos los niños de edad, y para todos los que de una u otra manera conservamos un poquito de niñez en algún rincón del corazón.
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