miércoles, 28 de agosto de 2013

Mateo 23,27-32.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! 
Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos,
diciendo: 'Si hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no nos hubiéramos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas'!
De esa manera atestiguan contra ustedes mismos que son hijos de los que mataron a los profetas.
¡Colmen entonces la medida de sus padres!


Estos dos últimos ay de Jesús, dichos  con mucha fuerza para los fariseos, habrán calado muy hondo en ellos y aumentaron las ganas de hacer lo que iban a hacer más adelante que era incitar y producir la muerte de Jesús.
¡Compararlos con sepulcros! ¿Qué habrá conocido de ellos?
¿Qué nos dice a nosotros hoy? ¿a veces sentimos que actuamos como sepulcros blanqueados? En los cementerios de nichos y mausoleos, se ven hermosos espacios de 4 x 4
mts cuadrados, recubiertos de mármoles finos de otra época y de otro lugar, con puertas de bronce talladas o terminadas a mano pieza por pieza, y también se ve de esos nichos más sencillos en que para no ir con tanta frecuencia, se colocan flores de plástico o de otro material imperecedero para decir que hay algo que adorna… sin embargo adentro de ellos, de unos y de otros, está la misma realidad: cuerpos en descomposición o ya deshechos, huesos , esqueletos de lo que en vida fue alguien muy importante o poco importante. Por más bonito que sea el mausoleo, mausoleo es y la realidad es lo de adentro: muertos…
Y como dice la poesía: no son muertos los que en dulce calma, la paz disfrutan de la tumba fría…muertos son los que tienen muerta el alma y viven todavía  y ahí podemos sentirnos tocados nosotros, que muchas veces cuidamos la “fachada” lo que se ve, y lo de adentro lo descuidamos. Solo basta pensar cuántas veces alimentamos el cuerpo al día: tres, cuatro veces y algún que otro tentempié… ¿al alma cuántas veces alimentamos en el día?...¿en la semana?...¿en el mes? Nos cuesta leer la Palabra de Dios todos los días, nos cuesta acercarnos a recibirlo sacramentalmente durante la semana, a veces nos cuesta  recibirlo los domingos y también para los cristianos, ir a misa parece un suplicio. Por supuesto que alimentarnos con lo que allí se diga o con la Eucaristía es ya mucho: al salir del templo ni nos acordamos del evangelio…así nuestra alma se vuelve raquítica.
¡Lleva cuatro días de muerto, huele mal Señor!, le dijo Marta a Jesús cuando Él les dijo que corrieran la piedra que tapaba el sepulcro de Lázaro.  Ojalá que nuestra alma huela a rosas  o a perfume de santidad…

Y ese último ay, también es para los que vivimos pensando que si hubiésemos estado ahí no hubiera pasado esto o aquellos, que nunca repetiré errores de mis padres, que cuando sea grande no voy a ser corrupto como algunos políticos..todo en potencial. Resulta que el joven muchas veces se queja de la corrupción , pero se prepara para ella en pequeños actos corruptos como copiar en clase, o no preparar como es debido lo que hay que preparar, o tranzan con lo mediocre, con el “así nomás”. Resulta que los padres repetimos errores de nuestros papás de los que decíamos desprendernos. Criticar es fácil, ponernos a trabajar para corregir aquello que queremos es difícil, pero vale la pena y es necesario para hacer una nueva patria, una nueva civilización.

¡Que tengamos una buena jornada!
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