sábado, 7 de septiembre de 2013

Lucas 6,1-5.

Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. 
Algunos fariseos les dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?".
Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio de comer a sus compañeros?".
Después les dijo: "El hijo del hombre es dueño del sábado".

Cuando el pueblo de Dios se encontraba en cautiverio, debía trabajar de lunes a lunes, sin posibilidades de descanso, ni de juntarse para escuchar la Palabra de Dios o compartir experiencias con otros hermanos. Por eso, debía de alguna manera, establecer normas para que si o si, el pueblo descanse y dedique su día a Dios. Pero lo hicieron de tal manera que esa ley terminó siendo tan  pesada con tantos artículos, con tantos “noes” y tan pocos “sies”, que cumplirla del todo era medio imposible. Para comer espigas del trigo, había que desgranarlas, y eso estaba prohibido para un sábado, pero tenían hambre.

Aquellos fariseos le cuestionan a Jesús por sus discípulos. Ni lerdo ni perezoso, Jesús les muestra también cosas hechas en otra época con las que salía del precepto del sábado, atendiendo a una necesidad.
Antes no había Biblias impresas como tenemos hoy.  Prácticamente en cada hogar siempre hay una, aunque a veces de adorno. En ese tiempo había una sola por comunidad, escrita a mano, que estaba en la sinagoga. Jesús sabía al pie  de la letra  la Biblia: quiere decir que sus treinta años se pasó estudiando ayudado por una memoria y una inteligencia increíble. No había tablet, ni celulares de alta gama que permiten tener todo a mano, había más necesidad de agilizar la mente y la inteligencia para acordarse de todo, y no hablar sin fundamento. A veces nos pasa que cuando llega a casa alguien de otra religión nos saca una diversidad de temas y  quedamos desorientados porque no sabemos, ni estudiamos lo nuestro. Primer mensaje de Jesús: estudia la Palabra, si no te quedas sin fundamento para rebatir a los que quieren hacer tambalear tu fe.

Jesús hoy nos invita también a vivir en libertad, la alegría de sentirnos hijos de Dios, a no esclavizarnos por la norma si no a vivir esa norma desde el corazón para poder ser
felices, que todas las cosas han sido hechas para el hombre y no el hombre para las cosas, nos invita a encontrarle el verdadero sentido a aquellos pequeños artículos que quieren enderezar el curso de nuestra vida, a vivir en libertad el amor de Dios, para que no nos pase lo del hijo mayor de la parábola que estuvo toda la vida aferrado al cumplimiento, y que nunca gozó estar al lado del papá bueno, ni sintió las cosas como propias, sino como las de alguien lejano que le exigía y le exigía. Esto, no quiere decir dejar de cumplir los mandamientos y preceptos de la Iglesia…quiere decir hacerlo desde el corazón, dándole verdadero sentido a nuestra religiosidad: debemos hacer de cada misa una fiesta como lo que es, y no una juntada de gente amargada y triste que tiene que ir cumpliendo un mandamiento que no se entiende… el otro día salía de una misa de esas “planchadoras” que cuando el sacerdote dice :Pueden ir en paz, uno siente la sensación de decir: Demos gracias a Dios (que se acabó)… y pasaba por un local evangélico donde la gente entraba con tanta alegría , con tanta pasión: iban a una fiesta y se notaba. La verdad que me dio un poquito de envidia, y aunque sé que la fiesta, la música, la participación la pone uno, a veces cuando el entorno no ayuda, te tira abajo el entusiasmo. Solo basta pensar cómo son nuestras Eucaristía, ojalá que en nuestros lugares sean verdaderas fiestas en que se alabe a Dios y se festeje la alegría de sentirse amados por Él.


Un pequeño pedido:  que todos los  que leen la palabra de Dios junto a mí en este día, puedan terminar rezando tres Ave Marías y un Gloria por la paz del mundo y sobre todo en Siria. ¿lo hacemos?...Dios te Salve María…
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