lunes, 23 de septiembre de 2013

Lucas 8,16-18.

No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. 
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".

Un chico terminó un día de limpiar su habitación. Quedó impecable, todo acomodado, las cosas en su lugar, la cama bien tendida, los muebles sin polvo, todo guardado en placares… ¡una pinturita!... de pronto decidió abrir los postigones de las ventanas para que entre la luz del sol y ¡vaya sorpresa!, este sol delataba una cantidad infinita de polvo en suspensión que ya no la hacía tan limpita a la habitación… cuanto más luz, más se ve todo lo secreto, lo oculto a la vista de todos.

La presencia de la luz en el candelabro, arriba de todo, deja ver mejor lo que hay en derredor, incluso a nuestros propios hermanos y amigos. Cuando uno se empecina en guardar la luz, en no dejarse iluminar, en tapar esa luz , siempre lo guardado quedará tapado pero no destruido, seguirá el pasado que atormenta, seguirá esa relación que perjudica la vida de fe, seguirán escondidos tantos abusos que lastiman, seguirán tapados recuerdos que no hemos sanados, seguirán escondidos en las penumbras los que hacen el mal porque ellos se regocijan con la noche sin luz, seguirán felices los ladrones tanto de cosas materiales como de cosas del alma, que se alimentan en la oscuridad y de la oscuridad.

Donde hay luz, hay señales claras.
A nosotros se nos dio luz, mucha luz. Primero para iluminar nuestra vida, sacar a flote nuestros recuerdos dolorosos, sanarnos, es decir, aumentar la potencia de esa lámpara, pues no solo debemos alumbrar nuestra realidad sino también a los que nos rodean.

Algunos tendrán la potencia de lámparas pequeñas , como de 40W en los antiguos focos, otros vendrán con 60 ó 75 ó 100 ó 150 …otros con 500 W … todos, absolutamente todos debemos alumbrar, cada uno en su lugar, de ama de casa, de hijo, de padre, de comunicador social, de deportista, de esposo/a, de profesional, de empleado administrativo… A-LUM-BRAR… pues si no alumbramos, dominará la oscuridad, la tristeza, el desaliento. Cuando veamos ambientes donde no haya paz y reine la discordia, no pensemos en donde está el error y quiénes son los culpables, pensemos que hice yo, con toda la luz que me dieron , a donde la escondí y por qué la escondí.

Que cada uno sea lámpara para su metro cuadrado. Tampoco es cuestión de ser esas lámparas de la calle, que alumbran a todos mientras los hogares están a oscuras. Es un desafío de ser luz de ser candil. A nosotros se nos dio la luz, alumbremos entonces. Con el ejemplo, con la palabra, con la palmada en el hombro, con una frase dicha en el momento oportuno, compartiendo buenas nuevas en las redes sociales, pegando carteles de luz en las heladeras familiares o en los espejos de los baños, en hacer pequeños recuerdos impresos y entregarlos a todos en el colectivo, en dejar “olvidada” una buena lectura en los lugares que frecuentamos, en repartir hojas de buena lectura, en salas de espera, o en filas de banco,  en cantar en casa, en poner alegría a pesar de todo, en ser elemento de unión y no de discordia no hablando mal de nadie sino hablando bien de todos, des-fruncir el ceño , sonreír, siempre sonreír… mucho por hacer y tan sencillo. ¿comenzamos?

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