martes, 24 de septiembre de 2013

Lucas 8,19-21.

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. 
Entonces le anunciaron a Jesús: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
Pero él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".

Fueron desde Nazaret hasta Cafarnaúm, unos 40 km. Temían por el futuro de Jesús. San Marcos, aclara que sus parientes venían a llevárselo, porque pensaban que se había vuelto loco, ya que  pasaba todo el día rodeado de gente, que le pedía por sus enfermedades y enfermos, una bendición, una palabra , a veces no comía, ni dormía, y la presencia de tanto tumulto alrededor, lo hacía peligroso de por si ante las autoridades romanas que pensaban en un revolucionario que les rompía los esquemas en la dominación.
 
Y fue su mamá con sus parientes. Con ellos estaba desde que quedó viuda de José y Jesús comenzó la vida pública.

Fue en “rescate” de su hijo y su Hijo la llenó de alabanza pues la puso como ejemplo de los que escuchan y cumplen la Palabra de Dios.

Hace tiempo, cuando me invitaron a un Retiro Ignaciano de la vida diaria, pensaba para mí: pero si yo comulgo frecuentemente, lo recibo al mismo Jesús, ¿Qué más me puede aumentar eso de comulgar con la Palabra?...hasta que , al “masticar”  diariamente la Palabra me di cuenta de lo que era comulgar con esa Letra Viva, que entraba por mis ojos, recorría mi mente, mi razón y mi corazón y se hacía tan parte de mí como aquel pedacito bendito de Hostia que entraba en mi vida para hacerse yo mismo,  por el proceso
digestivo. Esto no entraba con la boca e iba a mi panza…esto entraba por mis ojos e iba a mi razón, a mi mente y a mi corazón. Entonces fue más fuerte la necesidad de la Comunión Eucarística, entonces la Palabra aumentó mi hambre del Pan…
Es algo que les deseo a todos los que están alrededor: dejar que la palabra todos  los días nos inunde el alma. Es un ratito , no lleva mucho tiempo, y ayuda, ¡vaya que ayuda!.

Queda siempre ese desafío de cumplir lo escuchado y aprendido, pero ya damos el primer paso: escuchar la Palabra… es algo así como una medicina que uno toma o un antioxidante, o una vitamina… con el tiempo se va sintiendo los resultados.


Hoy Jesús, a los que escuchamos la Palabra de Dios y la cumplimos (aunque cueste y a veces no lo logramos), nos alaba y nos pone a la altura de su Mamá, nada más ni nada menos. Casi casi, como que nos sentimos indignos, pero lo dijo Él. Ojalá que vos seas uno de los que Jesús alaba hoy.
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