lunes, 30 de septiembre de 2013

Lucas 9,46-50.

Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande. 
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande".
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros".
Pero Jesús le dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes".

Tal vez, que Jesús les diga constantemente que iba a entregar su vida en Jerusalén, hacía que ellos comiencen a mirarse y traten de disponer un orden de jerarquía, para cuando el Maestro no esté. Y se preguntaban quien era el más importante, el más capacitado, el más grande. Discusiones humanas, chiquitas.
Jesús hace el doble gesto: tomó un niño y acercándolo… elige a ese niño como a cada uno de nosotros. ¿Por qué?  Porque quiere, porque nos quiere, porque ansía nuestra felicidad… como dice la canción:  (Eduardo Meana)

A veces me pregunto ¿porqué yo?,
y sólo me respondes porque quiero.
Es un misterio grande que nos llames,
Así tal como somos a tu encuentro.

Y les dice a aquellos discípulos, y nos dice a nosotros: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande". El Señor considera “grande”  al que, como el niño sabe recibir a Dios y sus mensajeros, sin dobleces, sin excusas, sin mentiras, sin hipocresías sin miedos, siempre dispuesto,


Entonces redescubro una verdad,
mi vida, nuestra vida es un tesoro.
Se trata entonces sólo de ofrecerte,
con todo nuestro amor, esto que somos.

¿que te daré, que te daremos?,
si todo todo, es tu regalo.
Te ofreceré, te ofreceremos,
esto que somos...esto que soy, eso te doy.

La elección de Jesús, y la acogida de parte nuestra, nos hace ser servidores suyos en los hermanos, porque su amor es como un manantial de donde surge agua para regar las arideces de la vida propia y la de los demás. Solo dando lo que somos podemos hacer grandes cosas, estamos en su círculo, aportando a los que están fuera de ese círculo  , siendo generosos con todos, no teniendo celos por lo que otros hacen, dando como si fuéramos los únicos de los que depende algo , sumando, siempre sumando, ni restando ni criticando  a los que hacen.
  
Que podamos limpiar nuestro corazón, y purificar nuestras intenciones al seguirle. Que , como niño, escuchemos su Palabra y la recibamos en la vida tal cual es, sin deformarla ni adaptarla a nuestras limitaciones. Que podamos ser grandes, siendo pequeños que reciben esa Palabra y la practican.
¡Buena semana!


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