miércoles, 2 de octubre de 2013

ÁNGELES CUSTODIOS. Mateo 18,1-5.10.

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?". 
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.
El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.
Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.

En el tiempo de Jesús, el niño era  una persona sin importancia. Entonces Él, les dice a sus apóstoles que lo pongan en el centro de sus preocupaciones a él y a los que son como él. Algo así como lo que nos dice nuestro papa Francisco muy seguido: debemos salir a las periferias geográficas y existenciales, a encontrar a los “sin importancia”, a los que están excluidos , a los más humildes y pobres que no tienen como defenderse, a los niños, no porque siéndoles simpáticos consigo el voto de papá y mamá, sino porque en todos los que son “sin importancia”, vive Jesús, que nos llama a servirle y amarle en el rostro a veces desfigurado de los niños, jóvenes, adultos que viven en la periferia existencial.

Ellos , los discípulos, deben crecer “hacia abajo”. Cuando todos de una u otra manera queremos desde chicos dejar esa etapa de la niñez, Jesús nos pide poner nuestra vara para medir, en la altura de un pequeño, de un “insignificante” en un “nadie” de la sociedad.

Facundo Cabral, en aquella hermosa canción de cuna , decía:

No crezca mi niño, no crezca jamás
los grandes al mundo le hacen mucho mal.
El hombre ambiciona cada día más
y pierde el camino por querer volar

Por correr el hombre no puede pensar
que ni el mismo sabe para donde va.
Seguir siendo niño y en paz dormirás
sin guerras ni máquinas de calcular.

Dios quiera que el hombre pudiera volver
a ser niño un día para comprender
que está equivocado si piensa encontrar
con una escopeta la felicidad.

Vuele bajo, porque abajo está la verdad.
Eso es algo que los hombres no aprenden jamás


 Y hoy, 2 de octubre, la Iglesia nos recuerda los Ángeles custodios; podríamos  definirlos como el rostro de Dios hacia nosotros, que nos mira, nos guarda, nos cuida, desde que éramos muy pequeños, hasta el fin de nuestros días. Es el amor de Dios personalizado,  que se ocupa de cada uno hasta en esos mínimos detalles de cruzar la calle, de cuidarnos en el peligro al escalar una montaña o salir de viaje. Es mi amigo de todos los días, al que puedo hablar sabiendo que me escucha, es el que sale conmigo a trabajar y vuelve conmigo al terminar la jornada, es el que me habla de Dios y el que habla a Dios de mi.  Es el rostro de Dios, son sus ojos que me miran y me miman. A ellos, ¡gracias por tantos cuidados cuando éramos chicos y no medíamos el peligro! ¡Gracias por los cuidados diarios que nos hablan de un Dios que nos ama profundamente!.
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