sábado, 12 de octubre de 2013

Lucas 11,27-28.

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!". 
Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".

Había buena intención en aquella mujer, por lo menos visto desde aquí y ahora. Quizás conocía a María como dicen algunos evangelios apócrifos y lo dijo desde el corazón pensando en el orgullo de esa Madre luchadora y silenciosa, alguien que fue mamá muy joven que tuvo que esperar la aceptación de José porque no entendía nada, que tuvo que caminar a minutos de dar a luz, para cumplir con el censo, que tuvo que huir a Egipto con un bebé recién nacido, sin medios, sin asistencia médica, sin mucha protección para el frío y el calor, caminando a subida a lomo de burro por los difíciles terrenos de sus pagos, que quedó viuda joven, … tantas cosas por la que aquella mujer habrá sentido admiración y orgullo por María.

Pero Jesús “dobla la apuesta”, eso que es muy importante, que es motivo de elogio, hasta la misma maternidad, de por si admirable y heroica, tanto que cuidó de Él y le enseño todo lo de la vida, eso que ella fue elegida por el Padre Dios para ser la madre de su hijo (nada más ni nada menos), la que tomaría de sus manos al niño, que le enseñaría cada cosa, cada novedad de la vida… era poco aún comparado con la gran  capacidad, con el verdadero tesoro de la Madre: : "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican". Ella, eso lo hacía, la primera de todo, la mejor de todas, era la mejor maestra, la mejor cumplidora…

No seremos mejores o peores cristianos por llevar cruz más bonita o más grande, por recibir el elogio de fieles o feligreses,  por recibir la palmada de aliento y de veneración diciéndonos: qué bien que estuviste, que linda charla que diste, y tantas alabanzas con que
a veces nos ensalzan a los cristianos, no seremos mejores cristianos  si montamos un show  en cada eucaristía…seremos mejores cristianos si escuchamos la Palabra de Dios y la practicamos.


Ella será nuestro alimento, y como decía San Bernardo, allá por el año 1100 cuando no había tantos medios como hoy, cuando conseguir la Palabra escrita era una odisea, cuando hasta era retaceada pensando que no todos eran aptos para leerla:
Es como si la palabra de Dios tuviera que pasar a las entrañas de tu alma, a tus afectos y a tu conducta. Haz del bien tu comida, y tu alma disfrutará con este alimento sustancioso. Y no te olvides de comer tu pan, no sea que tu corazón se vuelva árido: por el contrario, que tu alma rebose completamente satisfecha.


Que nos quedemos todos los días con una pequeña enseñanza, que podamos hacer “tareas para la casa” , que día a día podamos crecer para adentro, sintiendo que esa palabra se hace carne en nuestra vida.
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