lunes, 14 de octubre de 2013

Lucas 11,29-32.

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. 
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

Aquí, en mi tierra, tenemos ríos de gran cauce debido a las diferencias de niveles de los terrenos  (son ríos de montaña) .Son ríos que nacen muchos ellos desde el deshielo de zonas de montañas o por la cantidad de lluvias en zonas altas, y  adquieren gran caudal y mucha velocidad, por lo que es muy común ver grandes piedras llamadas canto rodado, que hacen de fondo y de playa en el cauce del agua.
 Al contrario de las piedras depositadas en las orillas, las piedras del fondo, “ven” pasar mucha agua , están casi todo el año mojadas, y según la época, algunas tienen 20, o 40 o 100 cm de agua o más encima. A mayor lluvia en zonas altas o más deshielo, más agua…

Pero es muy impresionante, cuando uno saca una de estas piedras, y con algún elemento de fuerza, las parte : por dentro están totalmente “secas”, nada de esa agua que pasaba por encima a gran presión, llegó a mojar el “alma” de la piedra.

Aquellos fariseos y escribas aparte de todo lo que Jesús hizo, seguían pidiendo una señal para saber si era o no (según sus conceptos) el Mesías o debían seguir esperando… seguramente podrán pasar años y años, tal vez siglos de agua sobre aquellas piedras y no se mojarán por dentro.
¿Cuánto de fariseo hay en nosotros? ¿Cuánto de fariseo hay entre la gente que vive a nuestro alrededor?

Seguimos esperando “EL” milagro último de Jesús para convertir nuestra vida. Quizás no
 para creer en Él, porque es tanta el agua que pasa por encima, hay tanta gente que nos habla de Dios, hay tanta religiosidad popular dando vuelta, hay tanta medallita y estampa  por ahí, que si, creemos, pero ¿convertirnos?, eso es dejar que el agua penetre la piedra y Dios pueda transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne  y pasar de lo humano a lo divino teniendo un corazón semejante al suyo.


Quizás  algunos de  los que llamamos “pecadores”, se hubieran convertido con mucho menos amor pasando por sus vidas, que el que pasa por la nuestra.
Ojalá que estemos en el camino de la conversión, que en vez de piedra nuestra vida se vaya transformando en algo mucho más permeable al amor de Dios que nos cubre con tanto afecto personal, de tu a tu, de papá a hijo, de hermano querido a hermano. Solo basta abrir los ojos, saber escuchar, dejarnos llevar por esa presencia amorosa que tanto nos mima.


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