martes, 1 de octubre de 2013

Lucas 9,51-56.

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén 
y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento.
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
 Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?". 
Pero él se dio vuelta y los reprendió.
Y se fueron a otro pueblo.


Lucas comienza en este capítulo (9,51) y termina en 19,28, el periplo hacia Jerusalén.
Decididamente Jesús va camino a ser arrebatado o elevado al cielo: su muerte y resurrección. Otro texto dice "Cuando se completaron los días de su asunción (o arrebato), Jesús volvió su rostro hacia Jerusalén”. Volver su rostro, significa mirar a Jerusalén y partir decidido a cambiar la historia: “allá voy”. Decidido a cambiar el pensamiento ideológico del templo que esperaba a un Mesías lleno de poder y gloria, resplandeciente, fuerte y capaz de destrozar al dominador romano y liberar al pueblo de la opresión a la que era sometido.

Y Jesús va por el camino más corto, y recibe la negativa de los samaritanos a recibirle en su casa. En vez de descubrir la figura de Jesús entre los caminantes, se molestaron porque iba camino a Jerusalén, desde Galilea.

Los apóstoles, recordando un acontecimiento del antiguo testamento donde Elías usó el fuego como venganza, le preguntan a Jesús si podían hacer lo mismo .Reciben el reproche de Jesús. Algunas Biblias agregan: No saben de qué espíritu son. Porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos… Y se fueron a otro pueblo. 

Jesús nos recuerda nuestro caminar hacia el destino final. Estará lleno de alegrías y tristezas, de buena  “vibra”  y de las otras. De gente que te quiere y de gente que no, de amigos y de los otros. Pero se trata de poner el rostro hacia Jerusalén, hacia nuestro destino y caminar siempre caminar. No es ir como oveja al matadero, es como poner el ojo en el objetivo y avanzar hacia él, gozando del viaje, compartiendo, viviendo y siendo feliz.

Jesús también hoy nos vuelve a recordar el perdón. Una pequeña mala actitud de los samaritanos, originó un deseo tan grande y negativo de los apóstoles. Peor que en el tiempo del antiguo testamento en que era: ojo por ojo diente por diente.  Estos querían arrasar con todo, simplemente porque no entendían el mensaje.
 ¡Cuánto nos cuesta  exponer nuestra fe y no tratar de imponer nuestra fe!
A veces somos duros de corazón para juzgar a los que no piensan como nosotros, somos intolerantes. Y esto que en otras épocas hizo equivocar a la Iglesia de Dios, hoy todavía repica en algunas mentes que creen que la Verdad debe ser aceptada si o si para “ser”.  También a nosotros, cuando tenemos pensamientos de ese calibre Jesús nos dice ¡No sabes
de qué espíritu sos! Como  le dijo a Pedro: apártate de mi Satanás, cuando él quería impedirle la realización del plan de salvación.


Y se fueron a otro pueblo: vamos, no importa, ya entenderán, no es su tiempo, pero no pierdas fuerzas en destruir o vengarte, hay mucho por hacer, no perdamos el tiempo, parece decir Jesús. Hay mucho por hacer, sigamos caminando sin perder de vista el objetivo final. En todo caminamos como Él y con Él al lado como su gente. Algunos siguieron hasta el final otros abandonaron a mitad del camino. Que seamos vos , yo, todos los cristianos,  los que seguimos hasta el final a pesar de tropiezos, indiferencias, rechazo de algunos.
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