jueves, 7 de noviembre de 2013

Lucas 15,1-10.


Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".

Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".
Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".

Publicanos -  pecadores… fariseos -  escribas… vinieron todos, atraídos por Jesús. Todos, por hambre de Dios o curiosidad, se sintieron atrapados por su Palabra, por su vida, por el aura de santidad que emergía de su persona.  Algunos querían sanarse, otros a veces iban juzgando y tenían, tontamente, su corazón cerrado, difícilmente entraría en ellos la salvación.

¿En qué grupo estamos? Ir solo al encuentro de Jesús para criticar, no tiene mucho sentido.

Y el buen Jesús, nos larga estas dos parábolas, a las que sigue otra maravilla de la misericordia como lo es la Parábola del Padre Misericordioso, que a veces llamamos la Parábola de hijo pródigo.

Si hubiéramos estado ahí, apelando a nuestra sinceridad, a las pregunta de Jesús:

"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?

O

"Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?

Hubiéramos respondido: nadie, Señor, o por lo menos yo no.

Como dice Monseñor Van Thuan, detenido en 1975 por su condición de obispo y encarcelado durante 13 años en las cárceles del Vietcong, nueve de ellos en completo aislamiento, Jesús  no sabe de matemáticas ni de lógica. ¿Cómo una oveja es más importante que 99? ¿a quién se le ocurre dejar tranquilas a noventa y nueve para ir a buscar a una?
Jesús: ¡es el uno por ciento!,  ¡no vale la pena!...
Jesús, ¡por un dracma!, para colmo hizo una fiesta en que gastó más de las nueve monedas para  festejar por encontrar una ¡que lógica más rara, Jesús!



 A unos nos dirá: imítame, salí a buscar a la que está perdida, que hoy no es una oveja, sino capaz que al revés como dice el Papa Francisco: tenemos una sola en el  redil, deja de peinarla y acariciarla, salí a buscar a las otras, sino nos encerramos y nos aburguesamos diciendo todo el día: ¡que linda que es nuestra oveja!, tiene mejor lana, es más sana, ¡que oveja!, cuando hay tantas afuera que esperan ser rescatadas del precipicio.

A otros les dirá, ¡maravilla de Dios!: aunque nadie se acuerde de vos, aunque te hayas ido pensando que nadie lo nota, aunque se hayas caído escondiéndote bajo tierra para que no te vea, aunque estés al borde del precipicio, aunque sienta que no escuchaste la voz del buen pastor que te llamaba,  TENES QUE SENTIR LA CERTEZA que te iré a buscar, que te cargaré en mis hombros, que te traeré de vuelta y que haremos fiesta, porque vales la pena, aunque el mundo te condene, vales la pena, te quiero, te amo, te busco , te cuido, Ya que eres precioso a Mis ojos, digno de honra, y Yo te amo, ( Is. 43,4)… es la locura de Dios, la ilógica de Dios, es la misericordia de Dios, es el amor desinteresado e incomprendido de Dios, que nos cuida como a la niña de sus ojos.

Gracias Jesús, por tanto amor, por el cuidado por los mimos diarios.  
No queda más que dejarme encontrar.

cerremos los ojos y meditemos:
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