lunes, 11 de noviembre de 2013

Lucas 17,1-6.

Después dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! 
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería.

¿Se habrán asustado los discípulos al escuchar las palabras del Señor?.
 Primero lo de los escándalos, que finalizó diciéndoles: ustedes ¡cuídense! Cuídense de no ser piedra de escándalo para nadie, de no romper inocencias, de no ser parte del escándalo del aborto ni como protagonista ni como actores secundarios, proveyendo los medios, incitando, alentando, ocultando, silenciando nuestra denuncia por miedo. Cuídense de no ser escándalo ante la comunidad por corrupción o actitudes morales de bajo calibre. Cuídense de ser escándalo en niños y jóvenes quitándoles esperanza, desalentando su futuro, o vendiéndole droga, aprovechándose de la vulnerabilidad de su voluntad. Cuídense de ser esos escandalosos que los introducen en el sexo libertino, el que los compra por
monedas para que exhiban su cuerpo y lo vendan. Cuídense de ser los escandalosos que distribuyen imágenes destruyendo la fama de una persona. Cuídense de ser esos lobos disfrazados de ovejas: familiares, amigos de la casa, “buenas personas”, que aprovechan la inocencia y vulnerabilidad de niñas y niños para abusarse de ellos… esas manchas dejadas, esos golpes marcados, son gritos silenciosos que llegan hasta el cielo implorando justicia.

Segundo, el poder perdonar, cuando alguien nos ha hecho daño una y otra vez, volviendo cada una de ellas a pedirnos perdón. Perdonarlos, perdonarlos…uffff…¡cuesta mucho a veces! Sobre todo cuando son personas unidas a nosotros por el lazo del amor, incluso miembros de la propia familia a los que hay que devolver la confianza…
Y no aguantaron más: Señor ¡auméntanos la fe!, solo, no podemos, es mucho para nosotros, nos cuesta, somos débiles, muy humanos, ¡auméntanos la fe, por favor! Necesariamente debemos unirnos a la fuente del perdón y del amor para poder hacer lo mismo, necesariamente debemos aumentar nuestra fe, porque con lo humano solamente, no alcanza.


Hoy es un día para decirle al Señor AUMÉNTANOS LA FE. Metidos en este mundo egoísta, desesperanzado a veces, rodeado de gente  que escandaliza a tantos pequeños, donde todo nos dice: ojo por ojo diente por diente, todo nos incita a la violencia, a devolver golpe por golpe, a buscar revancha y pagar con la “misma moneda”, necesitamos una fe viva y que crezca para poder ser cristianos auténticos y no de nombre solamente.
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