martes, 12 de noviembre de 2013

Lucas 17,7-10

Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: 'Ven pronto y siéntate a la mesa'? 
¿No le dirá más bien: 'Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después'?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 'Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'".


Así como Jesús dice:”supongamos”, nosotros vamos a “suponer” que Jesús nos tiene  de amigos (Ya no os llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace su señor;  les llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre. Jn15,15)…. Y que cuando llega a la noche nos encuentra trabajando con mucho tesón y esfuerzo por el pan, por lucharla todos los días, por tratar de ser mejor persona, por ayudar, por servir a los demás… entonces, Él mismo nos dijo: “Dichosos los servidores que el Señor encuentra en vela cuando llega; en verdad les digo que se ceñirá, y los sentirá a la mesa, y se prestará a servirlos” (Lc 12,37).
 
O al final de todo, cuando nos ponga en filas, y después de llegar con los pies cansados y las manos callosas de dar y servir como Él, nos diga: vengan bendito de mi padre porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estuve desnudo y me vistieron, estuve enfermo y preso y me vinieron a ver.


Salvado esto, nos damos cuenta, que el mensaje era ,no para los patrones sino para los servidores, o sea el mensaje era para nosotros, los que de una u otra manera queremos parecernos al Señor en eso de “he venido a servir y no a ser servido”.
Claro, estamos en una sociedad, donde parece, hay que premiar el buen comportamiento, las buenas notas en el colegio, se debe estimular el premio al bueno, al mejor empleado, al más puntual, etc. Ocupa una buena parte de una página de los diarios, aquel que encontró un dinero olvidado y lo devuelve… ¿el ser bueno, ser aplicado en el colegio o facultad, ser buen empleado, ser puntual, devolver lo que no es nuestro, no debería ser lo normal y corriente en nuestra vida?

Lo mismo nos puede pasar en nuestra vida cristiana, creer que merecemos premio por
“estar”, por ayudar, por servir, por ponernos a disposición, por ser buenos cristianos, cumplidores, por ser generosos, por participar  de misa, por frecuentar el templo…todo eso debería ser lo normal, lo corriente.

Ojalá que , ante la tentación del aplauso o la alabanza , podamos decirnos siempre: soy simplemente un servidor, no hice más que cumplir con mi deber…
Y ojalá que todos los que están al lado digamos lo mismo, así haremos lo que debemos hacer, sin competencias, sin egoísmos, sin necesidad de aparentar para que digan que cumplimos.


Dios ve el corazón. Y Él nos dirá de acuerdo a nuestras actitudes, y a lo que lee en nuestra vida: ven bendito, ven bendita, tienes un lugar muy cerquita a Mi.

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