viernes, 22 de noviembre de 2013

Lucas 19,45-48.


Y al entrar al Templo, se puso a echar a los vendedores, 
diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.
Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.


Ayer, lo vimos en un gesto de ternura, llorando por Jerusalén, por su negligencia en aceptar la paz, y la voz de Dios. Hoy, apenas entrando a la ciudad, pasando por la puerta del oriente, se encuentra en el Templo, renegando y fastidiado con los vendedores que hacían de esa casa, una casa de transacciones legales e ilegales, de ventas usureras e interesadas, de gritos, de insultos… esas actividades, tocaron las fibras más íntimas de su amor de hijo, como cuando nos insultan a la madre. Era un hijo que veía que la casa de su Padre, era profanada y usada para fines no santos.

¿Qué nos dirá hoy Jesús a nosotros si viene a nuestras Iglesias? Sobre todo en esos días de comuniones, confirmaciones, casamientos… donde la ropa por un lado, los gestos, los chismes, las risas desmedidas, los fotógrafos que quieren a toda costa ganar lugar,  dibujan por sí mismo una casa que No es de oración. Cualquier persona desprevenida que pase por ahí, jamás pensará que eso es un Templo, consagrado a Dios, un lugar santo, que es tierra santa… La casa de Dios es casa de Oración. Ojalá nosotros lo entendamos y guardemos ahí el debido respeto, ahí está Dios, que es amigo, pero que es nuestro creador, el que nunca pasará, el Dios de vivos, de hoy y de siempre, el dueño del mundo y del espacio, el Tata querido, pero también el que nos dice lo que está bien y lo que está mal. Que es un padre y no un abuelito piola que todo lo deja pasar y que todo festeja.

También el Evangelio  de hoy tiene un mensaje claro para  los que de una u otra manera quieren matar a Jesús hoy, quieren desterrar a Jesús de Escuelas, oficinas, instituciones. Que quieren cercar a los cristianos a esas cuatro paredes del templo… tengan presente que a ese Dios,  todo el pueblo lo escucha y está pendiente de sus palabras.  Y cuando quieran eliminar a Cristo, piensen que hay un pueblo que lo escucha,  lo sigue y al que lastimará terriblemente pues Jesús es el Rey de sus vidas, al que aman, el que los hace felices.


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