lunes, 25 de noviembre de 2013

Lucas 21,1-4.

Después, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. 
Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre,
y dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie.
Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir".

Dio todo lo que tenía. No era lo que le sobraba. Era lo que necesitaba.

Los otros hicieron ofrendas. Múltiples, ricas, de esas que ayudaban a mantener el templo, el culto, al clero. Eran importantes y necesarias.  Hoy también se pone “alfombra roja” a los que acercan dinero a las Iglesias, instituciones. Son bienvenidos, se los invita a almorzar, se los hace “padrinos”, se los atiende a cuerpo de rey. Hasta se los nombre ciudadanos ilustres.

 Es que el dinero, hace falta.

 En aquella época hizo falta también para extender el reino. Hoy hace falta para subsistir en algunos casos, para evangelizar en otros,  sería demasiado falso decir que con la limosna del más humilde viven nuestras Iglesias. 
Ojalá que ese dinero sea siempre bien habido , bien ganado, con trabajo y esfuerzo. Recuerdo  una homilía de nuestra Papa Francisco, cuando se animó a pedir por los hijos del dinero corrupto:
¡Dios nos ha mandado traer el pan a casa con nuestro trabajo honrado! Y este hombre, el administrador lo hacía, ¿pero cómo? Daba de comer a sus hijos un pan sucio. Y sus hijos, quizás educados en colegios caros, quizás creciendo en ambientes cultos, habían recibido de su papá como comida la inmundicia, porque su papá trayendo pan sucio a casa ¡había perdido la dignidad! ¡Este es un pecado grave” porque se comienza quizás con un pequeño sobre, pero es como la droga, ¡Eh!”

… “Quizás hoy nos haría bien rezar por los niños y jóvenes que reciben de sus padres un pan sucio: también estos tienen hambre, ¡tienen hambre de dignidad!”. “Rezar para que el Señor cambie los corazones de estos devotos del dios soborno y se den cuenta de que la dignidad viene del trabajo digno, del trabajo honesto, del trabajo de todos los días y no de estos caminos más fáciles que al final te quitan todo. Y después termina como aquel otro del Evangelio que tenía tantos graneros, muchos almacenes repletos y que no sabía que hacer con ellos: ‘Esta noche morirás’, le dijo el Señor. Esta pobre gente que ha perdido la dignidad con la práctica de los sobornos, no se lleva consigo el dinero que ha ganado, ¡sino la falta de dignidad!. Recemos por ellos”. (7-11-13).


Al lado de aquellos está esa viuda que es ejemplo para nosotros. Dar hasta que duela, como decía la Madre teresa. Dar de lo uno, de lo que se necesita. .

Cuenta  el libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 3:

 Un día, cuando Pedro y Juan subían al Templo para la oración de las tres de la tarde. Acababan de dejar allí a un tullido de nacimiento. Todos los días lo colocaban junto a la Puerta Hermosa, que es una de las puertas del Templo, para que pidiera limosna a los que entraban en el recinto.
 Cuando Pedro y Juan estaban para entrar en el Templo, el hombre les pidió una limosna. Pedro, con Juan a su lado, fijó en él su mirada, y le dijo: «Míranos.»
 El hombre los miró, esperando recibir algo.
Pero Pedro le dijo: «No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo: En nombre del Mesías Jesús, el Nazareno, camina.» Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó. Inmediatamente tomaron fuerza sus tobillos y sus pies, y de un salto se puso en pie y empezó a caminar. Luego entró caminando con ellos en el recinto del Templo, saltando y alabando a Dios.

¿Se imaginan que hubiera pasado si Pedro y Juan, tenían dinero para darle? El tullido seguiría tullido, con su dignidad perdida, siendo un estorbo para todos, despojado de humanidad, solo, triste, esperando por minutos el final de su vida para dejar de sufrir…

Dar hasta que duela, del dinero quizás, de nuestras pertenencias, pero también nuestro tiempo, abandonar el descanso para socorrer a alguien, entregar nuestros días de merecido descanso para  ayudar en grupos o instituciones que ayudan a jóvenes a salir de la droga, o jóvenes que están buscando el camino. Dar de nuestro talento para que otros se culturicen y evitarles la dominación de los inescrupulosos. Dar hasta que duela, como la viuda.
En un accidente doméstico que tuvimos en casa, unos de mis hijos sufrió una quemadura muy fuerte con agua sobre su pecho cuando era bebé, muy cerca de Navidad, de las fiestas de las vacaciones. Aún en la clínica, se me acercó un amigo del alma, junto a su señora y sus hijos, y me dijo: Sergio, tenemos destinado un dinero para irnos de vacaciones. Si te hace falta es tuyo… sentí a la viuda poniendo su dinero en la ofrenda, porque era lo que habían juntado durante todo el año.  Gracias a Dios, no lo necesitaba, pero el gesto, la actitud, era muy sanadora .

Dar hasta que duela. Esa debería ser nuestra consigna. Siempre hay alguien que nos necesita.



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