miércoles, 27 de noviembre de 2013

Lucas 21,12-19.


Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.



Ayer, nos decía Jesús de cinco signos para darnos cuenta de que algo está llegando o algo está pasando.
Hoy nos da un signo más: la persecución de los cristianos y de todos aquellos que, por buscar el bien común, se la juegan todos los días.




En algún lugar del planeta, aun hoy, se sigue condenando a los cristianos por proclamar el mensaje de Cristo.
El 22 de septiembre, docenas de fieles cristianos fueron asesinados en una iglesia de Pakistán. Los asaltantes eran yihadistas suicidas que hicieron explotar unas bombas. Este no era el primer ataque a la pequeña comunidad cristiana de Pakistán.
En Egipto, repetidos atentados mortales han tenido como objetivo a las iglesias de los cristianos coptos. Algunos miembros de esta antigua comunidad religiosa, convencidos de que no tienen futuro en el país árabe más populoso, han emigrado.
En Irak, la población cristiana caldea ha disminuido en estos últimos años. La persecución a manos de grupos islamistas ha sido un factor clave de su expulsión.
En Nigeria, los ataques periódicos a fieles cristianos y a sus iglesias por parte de grupos radicales musulmanes han causado gran cantidad de destrucción y muerte.
En Turquía, el Patriarcado Griego Ortodoxo Ecuménico ha tenido que enfrentarse a un control burocrático tras otro.
En el norte de Chipre, ocupado por Turquía, muchas iglesias ortodoxas griegas han sido destruidas o profanadas desde la invasión del Ejército turco en 1974.
Y en Sudán, hasta la ruptura del país en 2011, que dio lugar a la presencia de la nueva nación de Sudán del Sur, millones de cristianos del sur fueron el objetivo de los musulmanes del norte, con el resultado de un número de muertos inimaginablemente alto. (Diario EL PAIS 2-10-2013)
Dolorosos casos, que nos duelen a todos. Esas persecuciones son de muerte.
Y hay otras, a la que generalmente se somete a todos los cristianos del mundo: la persecución psicológica, el hacinamiento entre cuatro paredes del templo: “que los cristianos sean cristianos en el templo”, nos gritan. Hace unos días en San Juan,
Argentina, un grupo de católicos que se antepusieron al grupo de mujeres feministas radicales, casi desnudas, que querían pintar las paredes de la catedral  con consignas abortistas, se ligaron el insulto, la pintura, y la burla mal intencionada de algunos.
A muchos cristianos se los tilda de retrógrados, de poco inteligentes, se  “tradicionalistas” por no dejarse convencer por las teorías del mundo sobre el aborto, eutanasia, o por ser fieles al mensaje de Jesús en torno a la fidelidad, al amor verdadero.
EN muchos lugares los profesionales cristianos  son centro de burlas, y dejados a un lado pues no van con los intereses de corporaciones que buscan su propio interés.
Y así cada uno sabe, cuando hicieron bulling con uno en el colegio, o escuela por llamarse cristiano, por llevar una cruz al pecho, por mostrarse feliz a pesar de todo.
 La lista sigue y sigue.
Y escuchamos esto de Jesús hoy, y nos tranquiliza, nos da fuerza, nos da valor para seguir. Él pone las palabras, él es nuestro defensor, es nuestro alivio. San Marcos cuando pone estas palabras dice que estas cosas son signos  y "¡apenas el comienzo de los dolores de parto!" (Mc 13,8) pero después del parto viene la felicidad, la alegría, el motivo por lo que se sufre. Viene la luz, el amor.
Ojalá que cuando estemos en estas situaciones, nos mantengamos firmes en la fe, que no nos dejemos avasallar por el miedo, la vergüenza, el temor al ridículo. Dios está con nosotros. Él es más fuerte que cualquier humano, llámese  jefe, profesor, alumno, gerente, institución, corporación, ley humana. Él es más fuerte y estamos en sus manos y recordemos siempre que: Gracias a la constancia salvaremos nuestras vidas.  Que lo recuerden aquellos que se encontraron algún día, hace mucho o hace poco,  con Jesús cara a cara en algún retiro o convivencia, que lo recordemos todos los que de una u otra manera estamos en el camino del Señor, que lo recordemos siempre y que vivamos en consecuencia. Él es nuestra fuerza y nuestro abogado defensor.




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