viernes, 29 de noviembre de 2013

Lucas 21,29-33.

Y Jesús les hizo esta comparación: "Miren lo que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. 
Cuando comienza a echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.
Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca.
Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla todo esto.
El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.



Casi al final de este discurso apocalíptico, Jesús nos sigue mandando señales  para saber y poder interpretar los signos de los tiempos.

Hoy nos dice al comienzo: Miren lo que sucede con la higuera… nos pide que observemos. Él, fue un gran observador de la naturaleza, de las personas, de las cosas. Con esta capacidad suya, estamos sumamente seguros que también observará nuestros rostros, a veces alegres, a veces tristes, que nos conoce con solo vernos, que sabe ver nuestros ojos cuando se esconden en el piso, cuando nuestra mirada se pierde en la nada porque no nos sentimos felices ni tranquilos, solo basta ponerse delante suyo, abrirse de espíritu, para que Él nos mire, nos mime, nos hable.

Y nos pide tener esa capacidad de observación también a nosotros. ¡Si fuéramos más observadores de la naturaleza!, quizás no tendríamos tanta angustia, tanto stress… cuando abundaban los pizarrones de tiza, esos negros que aún hoy existen y son tan útiles, nos decían que había que pintarlos color verde, especial para pizarrones, pues el verde  ¡descansa la vista!... ¿Cuántos años tiene nuestra naturaleza y que color es?... hasta en eso pensó, para que cuando nuestros ojos miren los árboles, un campo, una montaña pintada de verde, descansen, tengan paz quietud, se serene nuestra alma y nuestro espíritu pueda volar más rápidamente hasta Él. ¡Cuántas cosas  descubriríamos si fuéramos más observadores del amor de Dios depositado en cada flor, en cada amanecer, en cada crepúsculo, en cada gota de lluvia que riega nuestra aridez, en el canto de los pájaros, en la serenidad de un paisaje bello!.


El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… vana será nuestra vida si la centramos en lo estrictamente pasajero, material y efímero.
Santa teresa de Ávila, nos decía:

Nada te turbe, Nada te espante todo se pasa
Dios no se muda La paciencia todo lo alcanza
quien a Dios tiene nada le falta
Sólo Dios basta.


Eleva el pensamiento, al cielo sube,
por nada te acongojes, nada te turbe.

A Jesucristo sigue con pecho grande,
y, venga lo que venga nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo? es gloria vana;
Nada tiene de estable, todo se pasa.


Aspira a lo celeste, que siempre dura;
fiel y rico en promesas, Dios no se muda.



Se trata de buscar lo eterno, lo que queda, lo que siempre está y estará. Pasarán los hombres y mujeres, pasaremos vos y yo, pasarán los edificios majestuosos que algún día serán demolidos para hacer otros, pasarán los buenos y los malos, Dios queda, su palabra es eterna y actual, nunca pierde vigencia, está escrita para hoy, para hombres y mujeres que viven la realidad del siglo XXI, que luchan y sufren, que gozan y son felices. Para los que están en búsqueda, los que quieren encontrar el camino, para los que abren su espíritu a las cosas de Dios, a los que llaman buscando respuesta, para los incomprendidos y lastimados, para los que tienen un pasado pesado, para los que quieren vivir un futuro de grandeza, para todos y todas, la Palabra es eterna, la Palabra es actual, la Palabra nunca pasará de moda. La Palabra da en el centro de tu vida, porque es como una espada filosa que llega hasta le médula, y nos cambia desde dentro para ser mejores, para acercarnos al Amor, para vivir según lo que Él tiene pensado para el mundo.


Ojalá que podamos “ver” con otros ojos la naturaleza. Ojalá que podamos “escuchar” con otros oídos la Palabra. En ambas, Dios nos habla, nos dice cuánto nos ama, cuanto nos mima, cuanto nos busca, cuánto desea vernos, cuánto desea tenernos cerca de él. 


Publicar un comentario