martes, 26 de noviembre de 2013

Lucas 21,5-11.


Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: 
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo.


Es el último discurso de Jesús llamado Discurso Apocalíptico. Nos llevará  algunos días de esta última parte del tiempo ordinario del año, para adentrarnos ya en el Adviento.
Parece que Jesús describe cada década de nuestra historia, incluso la actual, la anterior y seguramente la que vendrá:
·         Vendrán falsos profetas…
·         Guerras y revoluciones…
·         Se levantará Nación contra nación, reino contra reino…
·         Terremotos en distintos lugares…
·         Peste, hambre, fenómenos en el cielo…

Parece hoy, parece ayer… siempre aparecen mesías que nos dicen que el camino es éste o aquel. Siempre naciones explotando a otras, y esas otras con luchas civiles donde se mata entre hermanos de una misma sangre, de una misma nación. Cada vez más, los cambios climáticos  producen avalanchas, grandes lluvias e inundaciones. La naturaleza misma se revela ante tanta destrucción, hay pestes, hambre. Si, habiendo tanta riqueza en el mundo, todavía hay gente que muere de hambre o desnutrición… signos de los tiempos de ayer y de hoy.

¿Cómo vivir después de todo esto? 

¿Aterrorizados? No es la idea del Señor. ¿Para qué sirve un hombre y una mujer paralizados por el miedo? Ni para servir, ni para amar, ni para proyectar, ni para esperar con fe. El miedo nos encierra como en un caparazón esperando lo que tal vez jamás llegue.

Poco importará levantar un gran templo con muchas piedras y adornos, poco importará tener una imagen exterior, de esa que todos ven, de mi vida, si todo eso algún día caerá piedra sobre piedra. No somos eternos corporalmente hablando, somos eternos en lo de adentro, en el espíritu que llegará hasta Dios, en el alma que dejará recuerdos imborrables entre los nuestros. Por lo tanto, es una llamada a estar vigilantes, a no dejarnos guiar por falsos gurúes  y mesías que nos dicen por donde debemos ir, qué debemos tener, qué debemos hacer, cómo tenemos que divertirnos, qué debemos beber, qué debemos consumir... profetas de la muerte que nos venden  la muerte en pequeñas dosis de drogas, que destruyen nuestra juventud con sus ideales y sueños. Profetas del odio que incitan a la violencia con tal de conseguir lo que quieren, profetas de la vagancia que viven esperando todo sin esforzarse en nada

 Que nadie aplaste nuestra conciencia…es una llamada a la conciencia para reconocer donde está el bien y donde el mal y no dejarnos confundir.

Aferrados a la mano de Jesús, jamás nos confundiremos. Él nos muestra el camino. Unidos a Él, no habrá confusión, sabremos donde está el bien y donde el mal, llamaremos pecado al pecado y no lo disfrazaremos con palabras humanas que lo hacen familiar y normal, llamaremos Gracia a lo que es Gracia de Dios.

El Señor es mi pastor,
¿Qué me puede faltar?
en praderas cubiertas de verdor,
El me hace descansar;
me conduce a las aguas de quietud
y repara mis fuerzas.

El me guía por el recto camino,
por su inmensa bondad.
Aunque cruce por oscuras quebradas
ningún mal temeré.
Me siento seguro, Señor,

porque Tú estás conmigo…. (salmo 22)
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