sábado, 30 de noviembre de 2013

Mateo 4,18-22.

Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. 
Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".  

Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.


Hoy celebramos a San Andrés, el hermano menor de San Pedro, con quien compartía la herencia familiar del trabajo de la pesca. Andrés, junto a Juan, un día se encontraron con Jesús, y después fue a lo de su hermano Pedro y le dijo: hemos encontrado al Mesías (Jn1, 39-41). Luego ocurrió esto del evangelio de hoy: estaban en la tarea de la pesca y Jesús los llamó.

¿Cuántos  pescadores habrán poblado las playas aquellas? Seguramente muchos, sin embargo Jesús “vio” a Pedro y Andres.  ¿Cuántos donde estaban  Santiago y Juan? Muchos, sin embargo llamó a ellos dos. Quizás con el tiempo, cuando Jesús ya no estaba físicamente con ellos, habrán pensado, ¿Por qué nosotros habiendo gente más capacitada, mejor preparada, gente que toda la vida se pasó estudiando Biblia , entendiendo o tratando de entender las escrituras que decían que el mesías era tal o cual, por qué en este pueblo, por qué en esta nación…? Tantas preguntas que solamente encontraron respuestas en esa lógica ilógica de Dios, que llama a quien quiere en el momento que quiere, de la manera que quiere.

¿Puso un aviso en el diario de mayor circulación, o pegó carteles en los centros comerciales, diciendo más o menos así: busco hombres capaces y decididos, valientes y apasionados para nueva propuesta religiosa donde la ley principal es el Amor, y se quedó de brazos cruzados detrás de un escritorio esperando que vinieran a Él? No… fue a donde estaban aquellos hombres, en el trabajo, en el seno familiar, en sus cosas de todos los días, arreglando redes o limpiando las barcas, ahí donde estaban…

A veces me pregunto ¿porqué yo?,
y sólo me respondes porque quiero.
Es un misterio grande que nos llames,
así tal como somos a tu encuentro.


Entonces redescubro una verdad,
mi vida, nuestra vida es un tesoro.
Se trata entonces sólo de ofrecerte,
con todo nuestro amor, esto que somos.

¿QUÉ TE DARE, QUE TE DAREMOS?,
SI TODO, TODO ES TU REGALO.
        
TE OFRECERE, TE OFRECEREMOS,
 ESTO QUE SOMOS... ESTO QUE SOY,
       ESO TE DOY ( Eduardo Meana)

Es que  Jesús nos vio también a nosotros. Ese “ver” implica mirar con toda fuerza, soñar con toda el alma, es una mirada del corazón, una mirada personal, una mirada profunda. Una mirada que se traduce en llamada y que nos invita a seguirle. Jesús nos busca donde estamos, con lo que somos, no puso un cartel solamente en una parroquia invitándome a un grupo apostólico, Jesús se la jugó y fue donde estábamos, en la facultad o el trabajo, por la voz amiga de alguien que , como Andrés algún día se encontró con Jesús y corrió a avisar a sus hermanos, o amigos en este caso. Jesús viene a meterse en nuestras familias y transformarlas desde dentro, como hizo con aquellas dos familias a las que seguramente les cambió la vida, les llenó de paz.

Jesús viene, Jesús nos ve… nos queda solo tener la valentía, la pasión, la entrega, la disponibilidad de aquellos dos pares de hermanos.


No leemos ninguna excusa, ni un “ ya voy, un poco más adelante, déjame un rato con mis amigos, espera que termino esto que estoy haciendo, me recibo y voy, me caso y voy, hago la confirmación y voy, déjame disfrutar un poco más de la vida, tengo que ayudar a limpiar redes y voy”… no hubo excusas, solo un seguimiento para toda la vida.

Que podamos sentir todos los días la mirada de Jesús, mirada que se hace llamado a ser felices y a seguirle. Y que el espíritu Santo nos de el don de fortaleza para poder seguirle sin mirar atrás.
solo nos queda, dejar en la arena nuestra barca, y junto a Él buscar otro mar.


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