jueves, 26 de diciembre de 2013

Mateo 10,17-22.

SAN ESTEBAN

Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. 
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.

Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará. 


Ayer nacimiento, paz, vida… hoy, muerte, sacrificio, entrega. 
Es que celebramos la fiesta de San Esteban , aquel muchacho que dio la vida, por amor a Jesús y su Iglesia naciente. Es que quería hacerles entender, que Jesús traía un mensaje universal que superaba las paredes del templo, que era para todos, que no había fronteras, que el mensaje era universal. Sin embargo no lo entendieron y murió bajo una lluvia de piedras, repitiendo las mismas palabras de Jesús: Señor, no le tengas en cuenta este pecado…

Ayer la vida  nueva, se dividió la historia en dos, nacía Jesús el salvador en un portal de Belén.

Hoy,  con actos como lo de Esteban el primer mártir, comienza a nacer una nueva Iglesia, una nueva razón de ser. La sangre derramada por los mártires es semilla de nuevas realidades, es fortaleza para todos, es mensaje claro que como dice el evangelio aquel que persevere hasta el fin se salvará.

Ayer nació nuevamente en el corazón de cada uno, el redentor que trae la paz. Hoy se nos invita a vivir fortalecidos en la gracia de Dios, auténticos en nuestra fe, confiados en el Amor de Jesús que jamás nos abandona, seguros de nuestra  creencia.

¿Nos sentimos cuestionados cuando escuchamos esto de aquel que persevere hasta el fin se salvará? hasta el fin, no un mes o dos o un año, dos o tres… Ojalá, Dios, nos regale la Gracia de la perseverancia,  y de la fortaleza para poder llegar a la meta. ¿Se la pedimos?

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